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12 noviembre, 2020

Vuela la mezcolanza de un filo sordo.
En las mañanas se deshace, se perturba.
Vuela de nuevo por las tardes.
Se refugia bajo la palma,
bajo la llama de un triste eco,
junto a la sombra del otro,
donde perdidamente se disfraza.

Vuela la añoranza de una sonrisa
que se difumina frente a la plaza.
Se prende.
Resucita.
Y al final se contempla,
muerta pero viva,
cansada pero poblada,
tiritante y seria, casi ensimismada
llena de heridas y rotas palabras
de sueños latentes,
de irrisorias pisadas.

Vuela, sin querer, pero vuela, maravillada.
En las mañanas se deshace, se perturba.
Vuela de nuevo entre las nubes grisáceas,
cuyo color se confunde
con unos ojos azules,
con un cantico efímero.
Se quiebra.
Se deconstruye.
Se mutila, toda vez que dibuja su frío
en esos infiernos lumínicos,
donde una vez se enamoró de la vida.

Fotografía por Juan Camillo Garza

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