Zanahorias con cajeta

Indomable vértigo.
Eres.
Testigos mudos de un mundo sin pasado.
La guerra terminó.
Ya no te espero.
Elegantes copas del mundo.
¿Alguna vez dije que no?
Dejaré mi vida atrás.
Estrépitos coloridos de rodillas sangrantes.
Nevermind.
Nevermind.
Nevermind.
The world is dust.
The war is lost.
Esposa juiciosa.
Tres son muchos.
Desaliñados balanceos.
No pienses en mí.
No hay necesidad.
Ni mensajes de tu parte.
No hay ventilador.
Ni alcohol.
Ni alcaparras.
La iguana come aire filtrado.
Si pudieras describir con un soplido lo que piensas,
olvidarías como respirar.

Fotografía: Aëla Labbé

Guardado en Colaboraciones

Viajero en búsqueda de la aventura que no existe, acampa en desiertos, bosques y selvas. Recorre por las noches las letras de su antigua máquina de escribir para descubrir las narraciones que le son reveladas en el humo que emana de sus cigarros. Lector ávido de un argentino llamado Julio que le ha otorgado el delirio de soñar sobre papel, seguidor de un gringo de nombre Ernest al cual imita en su sed etílica para mostrar la realidad. Poeta de narraciones cotidianas que hace mágicos los objetos con los que convivimos a diario. Conservador de la antigua tradición de narrar lo que le acontece en su día a día sin más afán que el de seguir contando historias. Todo ello se amalgama para crear en su espíritu a un escritor que quiere hacer verosímil lo absurdo del mundo.