Y si deshechamos su amor

A pesar de lo que había sucedido en mi vida, esa sombra seguía presente. No sé si para bien o para mal, pero estaba ahí. Y para ser sincera era raro que algo este ahí de por sí. Tenía tristeza en sus ojos, pero alegría en sus actos. Así apareció él, consumiéndome tanto, que incluso mis problemas eran pequeños. Y yo amaba eso; porque mi vida empezó a tintarse como una acuarela de colores, su consumir era lindo, era mágico. Y su vida, su vida era reflejo de la gran persona que era. Todo empezó así o quizá lo creí así. Lo más probable es lo segundo, aunque prefiero pensar lo primero.

Y de repente, el ya no me teñía de rojo escarlata ni verde limón, sino más bien de un gris oscuro, uno que se llevaba consigo el alma y dañaba mi ser. Había creído tantas promesas, tanto de él. Y sus inconvenientes eran enormes, él me dañaba. No era necesario si quiera su presencia para sentir ese mal que me consumía, pero ya no era un consumir de felicidad; me invadía el desprecio de su sentir. Pero por Dios, yo no podía con él. Simplemente no podía, era imposible resistirse a esa mirada tan afligida y dulce a la vez. Daba todo por él y por mí, por los dos. Porque si, yo creía sentir el amor por fin. En el fondo de mí creía que todo regresaría a ser como antes, tenía la esperanza. No quedaba más, lo quería. Pero yo no estaba segura si el a mí; y aún peor, no sabía si yo a mí. Creo que fue el inicio de mi fin, así.

Y poco a poco se llevaba mi vida. Me consumía, parecía que nada le era suficiente. Era un sentir irónico. Jamas quise tener a alguien. Y de pronto esa persona se convirtió en mi todo. Arrebato con todo mi ser. Me liberó, me armó y luego me deconstruyó. Asesinó lo que quedaba de mi alma. Y me dejo ahí, como siempre. Con esa soledad característica de mi persona y con ese inoportuno sufrimiento de la realidad. Y es que su ser era mágico, como no enamorarse de alguien así. Era imposible, imposible no darse cuenta de su perfección. Admirarse así y amar así. Imposible no querer perderse en la belleza de sus ojos. Y sobretodo, imposible no amar a la persona por la cual se dio todo.

Fotografía: Delfina Vazquez