Vorágine

En la cotidianidad de mi existencia siento como pica algo en mi nariz y en mi garganta, se nubla mi vista y siento la presión sanguínea desvanecerse en mis memorias. Es la melancolía comiéndose mis tejidos, mi carne viva.

Tinta china derramada en el canvas blanco de mis globos oculares, aceite corre por mis venas, es un rezago de nostalgia que no me deja levantar por las mañanas, me provoca pesadez y un puto vacío en la boca del estómago.

La cosmogonía me aterra, me siento un puño de aire, me evaporo. Son ganas de replantear cada centímetro de mi sistema. Este escenario contiene una atmósfera desolada, mi corazón gélido fragmentándose al ritmo de un tango afligido.

Siento como al respirar profundo mis pulmones se inflan de polen, crecen seres de otro planeta que me dominan desde adentro, contaminan mis células con su manifesto. Una parte de mi grita pero nadie la escucha.

El impacto ha sido grave, estoy desangrándome de forma literaria, la tan esperada felicidad artificial será el resultado de esa pulsión que necesito satisfacer.