Una aventura imaginaria

Estaba caminando por los anillos de un planeta llamado «Donita», traía puesto mi equipo de astronauta. Cuando corría, los anillos giraban más rápido,  si caminaba despacio casi no se movían los anillos y si saltaba los anillos también brotaban. El planeta era esponjoso, muy colorido y te daban ganas de comerte el planeta entero. 

De repente sentí que algo o alguien me seguía. Después de un rato vi a dos miembros de mi planeta «88-A». Corrimos a saludarnos y nos abrazamos con gran felicidad. Los tres nos empezamos a preguntar que hacíamos ahí y como habíamos llegado al planeta «Donita».

No parecía un sueño, todo era tan real. Lo único que recordábamos era que nos habíamos ido a nuestras camas a dormir. Cuando dejamos de interrogarnos, decidimos disfrutar el momento.  Bailamos, hicimos carreritas, saltamos, dormimos un rato, hicimos yoga, hasta nos aventabamos hacia el centro del planeta, pero como era tan esponjoso nunca logramos entrar, solo nos quedábamos pegados como bichos muertos en un cristal.

Cuando me desperté a la mañana siguiente, tenía puesto el traje de astronauta, me pareció raro. Enseguida le hable por teléfono a las dos personas que aparecieron en mi sueño. Empecé a contarles la historia y al final era la misma anécdota para los tres. Fuimos a buscar a los miembros más experimentados de nuestro planeta y nos dijeron que cuando tres personas tienen el mismo sueño se vuelve realidad y cuando nos volvemos a dormir, en automático nuestro cuerpo regresa a «88-A».

Fotografía por: Can Dagarslani