Un poema a mis aguacates

Llevo tres semanas sin pisar la cocina de mi departamento.

Entre trastes sucios, servilletas con mocos, cucarachas bebés y un sin fin de cartas que lo único que traen son gastos innecesarios, encuentro un aguacate.

Aquel aguacate que compraste para mí la última vez que te vi ahí, con una camisa mía y un calzón viejo tuyo.

El aguacate ya se ve viejo, rancio, podrido, aplastado, maloliente, inquieto y muerto.

No quiero tirarlo a la basura, es el único recuerdo que tengo de ti.

Fotografía: Dima Semenovykh