Un dedo andaluz

Cómo siempre yo estaba en la penumbra del hartazgo social. “Alejado del
bullicio “, pregonaba José Alfredo Jimenez , no es mi fuerte la convivencia y delicadeza de la sociedad contemporánea . Hay demasiados prejuicios y “ clasismos ” , a mi entender.
Recién salido de un Temazcal , conocí a un par de muchachas que habían entrado por invitación de mi hermano , el nagual.

El, por el contrario disfruta de la vida a fondo. Las mujeres le buscan . Al por mayor le invitan de todo . Desde un café hasta un viaje al caribe . Solteras , casadas , en pareja , jovencitas , maduras y la lista no termina. Me alegra su encanto, es un buen espíritu que tiene un corazón tan grande que caben todas y aún hay espacio de sobra . Todo ello viene a cuento porque en su ritual ancestral desfilan todo tipo de féminas”. Extranjeras , mexicanas ávidas de amor y compañía se pasean entre las piedras , las montañas y la presencia del nagual.
Allí llegue yo , con la barriga por fuera a sentarme , como no, a sentir el calor del fuego. Los ritos pasaron , las frases aparecieron , el amor al momento se apoderó del espacio. Salimos bien cansados y alegres de la experiencia mística. Fue allí, entre los árboles y montes que conocí una mujer española. Soy andaluza , me dijo . Fuimos a descansar a un hotelillo sencillo , situado en el pueblo de Tlayacapan. Allí pernoctamos ella, el nagual y quien escribe, cada quien en su pieza. Ella y yo , Andalucia y tierra de Chinelos compartimos una platica. Me hablo de su trajinar , el viaje a Mexico , el gusto por nuestra tierra . Tímido yo , le expuse mi emoción taciturna a base de enunciados espontáneos, no obstante muy acartonados . Cuando ya vas arañando los 40’s, comienzas a reconocer tus defectos y no intentas ya superarlos ,en buena medida, te encariñas con ellos y sigues por la existencia viajando ligero, sin el peso de la juventud , su rebeldía e inconformidad en particular con la personalidad. Así las cosas me ofrecí a “masajearle “los pies a la par que ella charlaba con el particular acento. Me perdí en sus pies y mi artesanía táctil.
La noche seguía a punto . Al cabo de una hora sin nada más que decir le propuse dormir .
Cada quien nos fuimos a la cama.
Pasaron unos días , le volví a ver en una cena . Compartía los alimentos con motivo de un negocio que no prosperó . Un amigo Cheff, el nagual , los comerciantes y yo comiendo y charlando estuvimos . La cena exquisita , la cháchara fluyendo, el Cheff y la andaluza hablando. Pase entre su espacio , anime
a los dos a salir. Estáticos se me quedaron mirando . “Bueno, yo nada más sugiero “, exprese. Seguí de largo.
Pasaron los días, mi hermano el nagual
volvió a traer a las mujeres , creo que soy su único amigo masculino. Allí volvió la andaluza , hablamos más sueltos , me contó brevemente de sus amoríos aquí en tierra azteca . No estaba pues satisfecha del todo con lo vivido . Yo escuchaba , como de costumbre . Le propuse fuera conductora -turista de mis cápsulas informativas empíricas pues ,además de escribir , intento plasmar escenas en video.
Accedió de buena gana , a las claras se veía que me había puesto el ojo . Cuando una mujer se empecina en llevarte a la cama no hay impedimento que le desanime. Cuando ni la palabra te dirigen no eres más que un bicho raro, incómodo en el panorama.
Yo he estado en los dos lados , en las dos corrientes , en la crudeza del rechazo y las mieles de la atención y admiración .
Conozco pues el numerito.Me deje llevar , una prenda tras otra me desnudó y me dijo : Desde aquel masaje en los dedos Tio, tenía ganas de echarte un polvazo( coito) cabron. No me equivoque , eres una pasada. Que artista !!!

Yo sonreí . Por supuesto que no era nada
de ello, simplemente le atraje y se volcó a mi ser . Es la ley de la vida . Unos nacen con habilidades diversas. Yo tarde
en comprender que mi fuerte no eran las mujeres , no soy una luz en sus almas .
Hay veces que nada el pato , hay otras que ni agua bebe. Me dediqué a beber un poco , consciente de que en cualquier instante llegaría la sequía. Ella ahora está tomando el sol en el sureste mexicano. Yo, aquí parpadeando cada segundo en busca de todo el tiempo perdido.

Fotografía: Ding Ren