Te dedico esto porque no sé qué quiero, pero te quiero querer

Empezaré sencillo porque tengo prisa de ganarle a mi cobardía antes de que se levante, y porque ya estoy cansada de mentir a medias: quiero aprender a decir firme y claro que no tengo ni la más remota idea de lo que va a pasar, pero puedo hablarte de lo que pasa justo ahora.

Mira… las cosas están así: sé lo que quiero encontrar pero no estoy segura de encontrarlo en ti, por lo que no puedo decirte cuánto tiempo me voy a quedar. No lo sé, lo desconozco completamente, pero -si de algo sirve mencionarlo- si en el trayecto me doy cuenta de que en verdad quiero algo contigo, te aseguro que te lo diré sin dudar. Por lo mientras, dejémonos ser. Salgamos. Conozcámonos. No nos presentemos ante los otros como algo que aún no sabemos si queremos ser, porque no somos “amor” hasta que lo sintamos; por eso que nadie se entere de que tú y yo nos estamos buscando.

Quiero que, si de repente llega a mi mente la total certeza de que eres tú, pueda decírtelo, aun arriesgándome al rechazo y a quedarme con los sentimientos en las manos. Tampoco quiero que despilfarres atenciones y miel sobre mí sólo para tenerme; me interesa bien poco que me endulces el oído. Mejor sazona mi vida, cocínala hasta el punto perfecto sin que me dé cuenta, y así, por puro tino, seamos lo que el universo quiera.  No ensayes lo que me vas a decir, pues yo no lo ensayaré; sigamos nuestros impulsos y dejemos que todo salga natural.

Lo único que busco por ahora es esto: cazar historias contigo, que me invites a viajar aunque sea al otro lado de la calle, que me compartas tus sueños para ver si son compatibles con los míos; desbocarme y desbordarme completa si así me nace, y también poder decirte que no. Quiero que me hagas no querer decir que no.

Quiero que poco a poco me compartas tus días, que me hagas parte de tu vida y no tener miedo de ser contigo todo lo que soy. Quiero mostrarte de dónde vengo y decirte, sin miedo, a dónde quiero ir, para saber si vamos al mismo lado, y si no vamos, querernos un rato, sin compromiso de quedarnos después de que ya no tengamos nada que aportarnos porque de nada sirven los grandes espacios vacíos. Y, si en una de esas, nos encontramos andando con los mismos pasos, sólo tómame de la mano y corre conmigo, no digas nada; hazme volar sin que me dé cuenta cuando piense que ya no tengo fuerzas. Construyamos un barco para navegar enterito este mundo, déjame usar tus manos en mis manos para pintar en mi lienzo los trazos maestros de mi vida. Si resultamos ser un , quiero que te duermas en mi pecho mientras entibio tu cara con mis dedos, y que cuando escuches mi corazón, me digas que te gusta que esté viva y me beses el tejido de los sueños, y que, sin saberlo, me encuentre de repente tejiéndolos también en ti. Pero para eso, primero necesito que camines, aún con el miedo a perder la línea recta. Quiero que traces tu camino como lo busques y que busques lo que te haga feliz, porque el universo no se armó nunca de retazos. Quiero que seas sincero; que tú seas tú para que yo sea yo. Y si ya nos sabemos, poder decir entonces que existimos de verdad.

Así que dímelo, ahora que te lo dije yo, que están todas las cartas aquí, sobre la mesa: ¿qué es lo quieres tú?

Fotografía por Lars Wastfelt