S O L I T U D E

La soledad es una cosa bien cabrona. Es una carta que nadie quiere leer, es una canción que nadie ha escuchado, es una casa que nadie quiere habitar porque está llena de fantasmas.

Y acá estoy yo, sola. ¿Pero por qué? dirían algunos, tienes a tu familia, trabajo, estudio, independencia, quisiera estar como tú.

¿Como yo? sin nadie que escuche, que entienda, que me deje hablar, que me deje de pedir mis putos consejos y opiniones acerca de sus ex parejas y experiencias maricas. Alguien que se ponga en mis zapatos y no me interrumpa cuando hablo. Alguien que me abrace tan fuerte que me rompa los huesos. Alguien que me llame y me haga reír, con humor de verdad, del bueno, del que no hay que esforzarse con referencias estúpidas sólo para parecer un maldito intelectual. Alguien que coma helado como un niño y me unte la nariz, alguien con quien camine kilómetros sin sentirlos, alguien que no me haga reclamos, alguien que sueñe conmigo y que anhele estar conmigo compartiendo su jodida vida, alguien que me busque no sólo para pedir favores, para pedir dinero, para pedir un hombro, alguien que me de su hombro, alguien que me visite de sorpresa con unos girasoles y galletas en sus manos, alguien que me lleve a un concierto acústico de canciones bonitas, alguien que me saque de mi existencialismo y me lea lindos cuentos, alguien que no se canse de mi, que me soporte en todo mi ser, en mi época pre-menstrual que es la más dura, que soporte mis problemas estéticos, que soporte mi peso, que soporte mi mal genio, mi cursileria, mi infantilismo, que lea mis cartas, que las guarde, que conserve mis regalos, que cuide de sí mismo para estar bien conmigo, que no le de pena gritar de felicidad en la calle cuando esté a mi lado, alguien que quiera explorar la ciudad conmigo, alguien que quiera descubrir todas mis facetas y no se aburra ni se desespere en el proceso.

¿Hay alguien así en mi vida ahora? un amor íntimo y comprensible, no lo hay. ¡Claro que hay diferentes formas de amor! y afortunadamente tengo el amor de mis papás, de mis abuelos, de mi hermana, de mis tíos, si no lo tuviera, no sé qué sería o qué no sería de mi en este momento.

Pero, no está ese amor cómplice, infantil, pícaro, romántico. Es más, creo que nunca lo he tenido, he tenido tan solo pequeños momentos, pequeños aires engañosos, donde supuestamente me sentí completa, tranquila, mientras unos brazos masculinos me rodearon y me mintieron, para luego ir y abrazar a su verdadero amor, me he sentido siempre como un puente de paso, como quien se hospeda en un lugar temporal para luego comprar su propia casa.

Y ese es mi presagio para él, para el último que me abrazó de tal manera que ni sentí sus brazos, para el último que me besó sin permitirme sentir sus labios. Encontrará a la mujer de su vida, le brindará un amor más maduro y menos dramático, será leal y la amará como nunca ha amado antes. Porque conmigo aprendió todo lo que no debe ser una relación, todo lo que una mujer no está dispuesta a aguantarse y todo lo que una mujer merece.

Y entonces a mí, que al menos me llegue una compañía que me haga olvidar de mi existencialismo, que haga que los recuerdos ya sean borrosos y poco claros, y que me destierre de la soledad.

Fotografía: Dani Hensen