Rómpeme la camisa, el corazón puede esperar

Dices que debería ser más romántico, que el sexo no tendría que ser la piedra angular de nuestra relación. Dices que deberíamos hablar más, que sería bueno escucharme decir lo que siento por ti de vez en cuando. Asiento con la cabeza y finjo reflexionarlo. De repente se me ocurre:

—Hablemos de esto después, mis papás no están en casa y tardarán un rato.

Me miras directamente a los ojos, en tu cara se construye una sonrisa. Te me lanzas encima y tu aroma se impacta de golpe en mi nariz, en mi cara. Nos comenzamos a besar. Siento tu lengua helada moviéndose dentro de mi boca, con un sabor dulzón. Me sabe a tu risa, a tus ojos, a tus suaves manos. Todo está ahí, estallando en el paladar. Abrazados, paso mis manos por todo tu cuerpo. A punto de subirte la falda, te tiras a un lado de la cama. Se hace un silencio.

—Oye, hablo en serio de lo que te dije. — Dices con voz precipitada, por las hiperventilaciones.

—Hablaremos después de eso.

No te contienes, llevas tu mano hasta mi cara y reanudamos todo aquello. Besos, caricias, respiraciones agitadas, ropa en el suelo, transpiración. Intento distraerme mientras lo hacemos, para evitar venirme. Entonces me cruza por la cabeza lo que habías dicho. Tal vez tengas razón, me he reservado muchas cosas. Algunas veces he pensado en decirte que tus pechos me recuerdan a los de Little Caprice, pero no creo que estés muy familiarizada con las actrices porno europeas, así que mejor lo dejo.

Después de varias sacudidas, siento que está a punto de suceder. En efecto, acabo de venirme adentro, vaya mierda.

—No te preocupes —digo enseguida—, compraremos la pastilla.

Sólo sonríes y me das un beso que sella aquel episodio digno de adolescentes. Acaricio tu cabello, veo el reflejo de la ventana en tus ojos. Hermosos ojos cafés. Me encanta hundirme en ellos y ver el cristalino brillo que provoca la luz. No sé cómo expresarte lo que provocas en mí, lo mucho que disfruto compartir mis días contigo, que a veces tengo miedo de que esto pueda desaparecer algún día. Sé que llegara el momento en el cual las palabras se amontonen sobre mí y pueda decírtelas sin problemas, pero por el momento, mientras eso sucede, perdóname por no hablarte de amor, mi amor.

Fotografía por Santo

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