Roller coaster

Cuantas veces he trato de escribir sobre ti y no puedo, nunca se exactamente qué decir, no encuentro por dónde empezar o que historia escribir, hoy me pregunte ¿Por qué no comenzar por eso, por el principio de todo?

Ese verano, ese agosto, esa noche, ese beso.

Siempre he creído que los mejores besos de mi vida venían cargados de sentimientos mutuos, pero esa noche fue algo más, fue como si la vida me estuviera dando el preámbulo de quien sería la persona de la cual dependería mi ritmo cardíaco. Nunca fuiste invisible para mi vista, pero esa noche, brillaste más que otra, y decidí intentarlo, decidí valerme de mi poca valentía para acercarme lo más que pudiera para que un beso sucediera.

Imaginen ese punto en lo más alto de la montaña rusa, cuando tu cuerpo se encuentra suspendido, su respiración se precipita, te sudan las manos, ese hueco en el estómago que anuncia una caída, lo sabes, sabes que caerás y no puedes hacer nada, no quieres hacer nada, por lo que lo viene será aún mejor, adrenalina, endorfinas, todo tu sistema se estimula al límite, y la emoción, la emoción que sientes de estar vivo y en ese momento, lo es todo. Ese beso lo fue todo, después de ahí, no había marcha atrás, porque a pesar de todos mis miedos siempre volvía, siempre a ti, y es que cómo superas a la mejor montaña rusa de tu vida.