Repliega tus palabras

Repliegas tus palabras hasta donde no te alcance.
Como si no pudiera leer, desde el principio, tu mirada.
Y crees que escondes tu miedo entre los pliegues, entre
las sábanas.
Te muestras sí, como eres,
pero sabes que entro hasta donde siempre habías querido
que alguien entrara.
Sabes, en el fondo sabes que no te haré daño.
Pero temes.
Temes al olvido.
Temes al progreso inútil de mis palabras.
Como si ellas tuvieran otro sentido que alcanzarte.
No, no busco nada.
Porque en ti no encuentro nada.
Pero te gusta que te busque.
Te gusta que busque porque sabes que no encuentro.
Y mi búsqueda ha sido siempre absurda.
Imagínate, te busco a ti, tan vacía de ti misma, tan temerosa.
¿Cuándo empezamos a temerle al temor?
¿Desde cuándo dejó de ser el miedo tu motor?
Sabes que me encuentras, porque soy.
Porque aunque me pierda, aquí estoy.
Porque aquí, desnudo, también soy.
Encuéntrame, mejor.
Limpio, puro, completo.
Aquí estoy.

Fotografía: Quentin.Ø’Malley

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Viajero en búsqueda de la aventura que no existe, acampa en desiertos, bosques y selvas. Recorre por las noches las letras de su antigua máquina de escribir para descubrir las narraciones que le son reveladas en el humo que emana de sus cigarros. Lector ávido de un argentino llamado Julio que le ha otorgado el delirio de soñar sobre papel, seguidor de un gringo de nombre Ernest al cual imita en su sed etílica para mostrar la realidad. Poeta de narraciones cotidianas que hace mágicos los objetos con los que convivimos a diario. Conservador de la antigua tradición de narrar lo que le acontece en su día a día sin más afán que el de seguir contando historias. Todo ello se amalgama para crear en su espíritu a un escritor que quiere hacer verosímil lo absurdo del mundo.