Quiero II

Quiero que me duela la espalda de tanto golpearla contra la pared con cada embestida.

Quiero tener las piernas débiles y caminar disimulando el dolor después de una tarde ardiente.

Quiero los brazos y las piernas llenas de marcas que dejan tus manos al hacer el amor.

Y mordidas en la entrepierna, moretones donde la luz no llega.

Quiero besos suaves, roces en los labios, quiero cerrar los ojos y despegar los pies de éste plano, quiero abrir los ojos y descubrirte viajando.

Quiero el cabello enredado de tanto amarte. Quiero el cabello largo, enredado entre tus manos. Quiero llenarte de besos y abrazos y que sea lo único que se interponga y aún así sean besos sagrados.

Quiero palabras dulces, caricias suaves, rimas de amor y pasión pura. Tus palabras más ensayadas lento sobre mi cuello, bailando en mi oído, corrompiendo lo cierto.

Te quiero a ti, prohibido. Perdido.

Quiero pasión. Todo lo que es pecado.
Diversión, que no salga de éste cuarto.

Quiero ver tus labios hinchados de tanto besarme, quiero ver tus ojos cristalinos fijados en mi escote cada que escuches tu nombre. Y quiero más.

Quiero todo el amor que puedas darle a una mujer. Quiero todo el sexo que me haga querer volver.

Sin fin. A pesar de no poder ser, si no se puede ser.

Fotografía por Andrey Rachinskiy

Soy el azul

Todos los días hay ideas sueltas en mi cabeza esperando las conexiones mágicas que hacen artista al escritor. Trato de amarrarlas, no quiero dejarlas ir. Pero las ideas vuelan a otra dimensión, las personas se van, las palabras no se quedan marcadas en ningún lugar. Soy alérgica a mi fruta favorita, como si yo misma me propusiera para el sacrificio, como si quisiera matarme para obtener placer, como si necesitara del desamor para escribir mejor. Escribo con la esperanza de que un día vuelva, con la disciplina de un gato. Escribo por si nunca vuelve, y sin querer que me lea.