¿Quién te cantaraaaa?

Unos rayos surcaron el cielo y Taloc nos empezó a llover pesado.

«Quien te cantaraaaa»

Mis piernas se movieron solas, las mías y las de todos los demás. Se sentían las vibraciones de esos saltitos progresivos que en común desacuerdo todos entendimos se transformarían en uno de los muchos «eslames» que nacen y mueren en esta canción.

«Con esa guitarra»

Volaron los vasos, gotitas de “cerveza tibia” aterrizaron en mis brazos.

En la segunda vuelta de la rola, la chava de la guitarra empujó al vocalista, con un protagonismo absoluto se aventó un solo como los que Slash se aventaba con November Rain.

Todos lo entendimos, ése era el momento. Un codo prematuro e incisivo paso a unos centímetros de mi nariz. Me quité la playera para sudar a gusto y resbalar sabroso. Ahí la vi, del otro lado, en el límite entre los que vivimos y los que se nos quedan viendo.

Ferozmente corrió hacia al ojo del huracán. No lo pensé ni un segundo, mi lugar estaba ahí en el centro con ella. Me recibió con una patada fallida en los huevos y le respondí extasiado con un golpe en la espalda.

«Quien te cantará»

La perdí. Unas morras locas la vieron y le echaron montón. Un vato sin playera se identificó conmigo y empezamos a chocar espaldas. Tres chavos se amontonaron y formaron lo que parecían escalones humanos. Los weyes con morra hacían como que las protegían y los valientes, los sin tierra, se habrían paso para armar unirse al desmadre.

«Quien la hará sonaaaar, cuando no esté yo»

Entonces un gordito envuelto en una bandera de calavera, tomó vuelo e hizo lo que nadie había hecho. Corrió hacia los escalones humanos y saltó. Voló un poquito, lo vi casi en cámara lenta, le cayó a las morras que rodeaban a la de la patada.

«Quien la hará sonar, quien la hará sonaaaar»

Fui por ella, fui con todo, esquive los putazos con piernas, brazos y codos. Ella me recibió con un cabezazo delicioso y golpes hermosos.

Bailamos como nunca, como nunca bailamos.

«Quien te hará el amor»

Y si, cuando acabó la rola, ahí estábamos tirados, enlodados, mojados, exaltados, apretándonos bien fuerte, comiéndonos la boca y prometiéndonos conciertos y bailes como éste para toda la vida.

Fotografía: Luciana Giachino