Quédate

Quédate con quien guste de tus huesos, de tus clavículas, y pase el dedo por allí, delicadamente, como si fuera el tallo de una rosa con el que no se quiere pinchar, pero se arriesga, se arriesga a tocarlo, a oler las huellas del perfume que han quedado allí desde la mañana hasta la noche.

Quédate con quien saboree tus tallas y tus medidas pasadas del 90-60-90, y las acaricie, las agarre con ganas y las disfrute, las mire, les haga el amor, las riegue con miel, las desnude con su mirada y las mire mientras escucha su canción favorita después de haber saboreado el vino que dejó en la mesa de noche.

Quédate con quien consienta tu cansancio y te cante mientras te quedas dormida, y te hable de los astros que tanto lees por desespero en los horóscopos, que te hable de soul y música negra, que te hable de sus temores y los desnude también, mientras ve tus marcas de nacimiento, tus lunares, tus vacunas, tus estrías, tus huequitos, tus pecas, tus uniones y desuniones, tus pliegues, tus figuras, tus mares, tu océano.

Quédate con quien escuche tu voz alegre y quebrantada, tus logros y tus fracasos, tus historias reales e inventadas, tus canciones favoritas y las que odias, mientras te consiente el cabello y admira tu piel morena que contrasta con la suya.

Quédate con quien disfrute de tu silencio mientras las letras de las canciones de fondo son las que hablan de ustedes y en la oscuridad de la habitación se oculta el sol que han querido ver en Cuba, con habano, un sombrero, una falda de flores, y son cubano.

Quédate contigo.

Fotografía: Mauricio Soto A.