Postal #1

Día 63, Santiago de Chile.

De nuevo me veo envuelta en este lugar lleno de dolor, desesperanza y arrepentimiento. Camino sin rumbo fijo con una estaca en el pecho y una pistola apuntando a mi cabeza, mi camino está quebrado y doy torpes pasos por doquier. Sé que próximamente encontraré lugares más hostiles que la vida misma pero hay batallas en las que ya me cansé de luchar y mundos a los que quiero llegar, creo que siempre siento este tormento entre mis pulmones y mi corazón, juro que podría interpretar mil odas al odio, al temor y a la ansiedad pero nada de eso me llevará a la calma.

Soy miedo, siempre lo seré, la angustia es la nueva guía de mi vida y la incertidumbre se instala hasta en las encías, es normal que la boca me sepa a sangre y a melancolía, he inventado 50 maneras de huir y 20 maneras de volarme la cabeza en medio de un suspiro, hay tantas noches en que me siento transparente donde resuenan ecos infinitos en mi cabeza, la piel no para de arder y siento llagas abriéndose en cada centímetro de mi cuerpo, siento que me asfixio y mis latidos se aceleran velozmente, necesito parar todo aquello que me atormenta porque el remordimiento me está comiendo de a pedazos, poco a poco y con sufrimiento, esto no es más que una secuencia tortuosa de la que quiero escapar.

Cada vez está siendo más difícil conciliar el sueño, sentirme a gusto con mis pensamientos, sólo tiemblo, mis manos sudan y caigo en el abismo ya conocido.
Me derrito. Me biodegrado. Me ahogo. Me intoxico. Pido auxilio pero nadie parece escucharme, quizás ser transparente no está tan mal después de todo.

Sueño con la calma, sin la agonía que vivir día a día con esta estaca que me hiere el pecho a cada que respiro. Sueño que soy libre, que tengo alas y vuelo. Sueño con la paz de lo sublime, con todos los coros angelicales que aparecen en los programas viejos de la televisión. Sueño que escapo de este infierno, de todo lo que conlleva el mundo terrenal, de toda esta agonía. Sueño que puedo sentir como mi piel se desprende de cada músculo de mi cuerpo, como exploto en mil pedazos y mi sangre cubre las manos de todos aquellos que me lastimaron.

La incertidumbre me acecha, me golpea la cara y mis venas agonizantes quieren dejar de funcionar, me consumo en mí, en esta infinita mierda que me recubre la mente, esta que no me deja respirar.

¿Por qué estoy sola? No lo sé ¿Por qué grito y nadie escucha? No lo sé
Ha sido mi error todo este tiempo. El egoísmo es algo que nos apuñala de adentro hacia afuera

Contemplo todos los abismos como la escapatoria a todas estas sensaciones que corren en mi pecho esta soledad que me aprieta el alma cada vez más, me diluyo con mis persianas rojas.

Soy una tempestad roja.
Soy un mar sin calma, soy un infierno andante
Soy un naufrago con ganas de volarse la cabeza.

Fotografía por Lars Wastfelt

Roja
Autor

Déjà vu andante y dramaqueen de tiempos libres. Casi diseñadora, a veces escribo, tomo fotografías análogas y camino sin rumbo.