¿Por qué llegó a imaginar que él era gay?

Pasó alguien por mi lado y casi se chocó con mi afán. Era la perpetua tarde que acababa de ser amarilla para desplegar unas molestas gotas de lluvia, yo tenía una sombrilla inservible que me hacía quedar en ridículo con los transeúntes.

Iba entonces caminando rápido, como siempre, con destino. Aunque sin destino también camino rápido, no soporto la idea ni el acto de caminar despacio a menos que sea en compañía. El mundo va muy rápido y los días son cortos como para desperdiciar las horas caminando despacio como quien no quiere la cosa, como quien entorpece su destino y de paso, el de los demás.

Estaba hablando con una amiga sobre lo complicada que es la amistad, la confianza y todo lo que trae consigo, como cuando las personas que quieres, hacen que se te arrugue el corazón por ciertos motivos que terminan creando conflicto y malestar, toda la conversación por whatsapp. Guardé mi celular porque caminaba por una calle oscura e insegura, y mi celular es horrible pero igual no lo quería perder. Seguí caminando y las gotas eran cada vez más fuertes.

Pasó un hombre a mi lado, y como lo dije al principio, su afán chocó con el mío. Lo sé porque nuestros perfumes lograron mezclarse en cuestión de segundos. Debió quedar una partícula de aire con un solo olor resultado de la mezcla. Y esa partícula de aire debió dividirse luego en muchas partes hasta desaparecer. Así como en la actualidad.

Esa situación, esa partícula de aire, ya había existido, hace unos años, cuando ese mismo perfume se mezclaba con el mío. Es increíble lo que el sentido del olfato puede hacer. Me remonte a esos momentos en los que hablábamos de Monica Bellucci y su exorbitante belleza, de Gaspar Noe, de Danny Boyle, cuando veíamos esas películas serbias retorcidas, cuando te veía pintar mientras escuchabas Drum and Bass, cuando fumábamos y nos asomábamos por tu ventana, cuando tomábamos aromáticas frutales en el centro de la ciudad dentro de esas simulaciones de centro comercial por la Avenida Jimenez donde habían muchos locales donde comprabas tus materiales para tus próximos cuadros y donde mandaste a hacer unos guantes y una chaqueta de cuero.

Recordé con vehemencia: ¡cómo me gustabas en esa entonces! cómo me abandonaba a mi misma por unos ratos largos, cómo me introdujiste al cine y me inyectaste el gusto por ello, por la música, por el arte, por las mil formas de revelación, pero dentro de ti habita siempre la angustia, el estancamiento, el no saber qué hacer, el sentirse mal y morir cada día por seguir igual.

En ese pequeño instante, me fue posible evocar tantos recuerdos y sonreí por ello. Trato de que la nostalgia no me invada porque no sirve de nada.

Llegué a mi destino, muchos esnobs alrededor, comentando sobre sus fascinantes vidas, tanto que no me dejaban concentrar en lo mío. Siento lástima por las personas que se enorgullecen por conocer a un famoso de instagram, por haber hablado con “x” personaje de la alta alcurnia, por haber tenido una fiesta de tres días seguidos con alguna élite. Élite que hoy sigue reclamando sus derechos y sigue siendo vulnerable, pero se enorgullecen por serlo, inclusive creo que aman ser rechazados porque es esa su razón de ser y es lo que hoy en día los mantiene en pie. Pero se han convertido en esnobs, que hablan alto, que tienen referencias intelectuales, que miran sobre el hombro para dejar de ser invisibles.

Afortunadamente el escape a todo eso fue Xavier Dolan, que como siempre me regala la simpleza de la vida en hermosas imágenes, él y el azul, él y la música, él y el cigarrillo, él y la piel, él y él, sólo él es capaz de plasmar situaciones cotidianas de manera sutil, sin ser pretencioso, arrogante, obvio, mezquino, exagerado, mainstream. Es tranquilizante, acogedor, conmovedor, eriza mi piel y ello hace que escape a otras formas de realidades, a imaginar que me pasen esas cosas tan simples pero tan bonitas, tan espontáneas y llenas de magia.

Algunos todavía piensan que el cine plasma historias ficticias, que está ahí para entretener y nada más. A mi me muestra todo aquello que me imagino a diario, con bandas sonoras y personajes sacados de los cuentos.

Fotografía: Leo Rangel