Pero ya por fin entendí

Y ahora he entendido todo; tu falta de atención, tus interminables disculpas por no estar, los mensajes alternos cada dos semanas e inclusive las excusas para no hablar de lo que sientes.
Está más que claro, y bien dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver; porque yo lo soy. Porque no importa si te has disculpado mil veces, yo te digo mil y un veces más que no tienes por qué hacerlo, y vienen las cosas bonitas, el sentir(creer) que me quieres, porque estoy acostumbrada a recibir todo lo poco que das en solo unos días para que después todo se vuelva casi sombrío hasta desaparecer.
Y no es que no tengas tiempo, tampoco es que yo no sea clara con mis sentimientos hacia ti, ni mucho menos que te alejes porque piensas que estaré mejor con alguien más que contigo, ni mucho menos que el tiempo y los par de kilómetro, las agendas reducidas o el tipo de clima y las veinti tantas tonterías que dices para no decirme a mí que sí.
Porque no es que no sepas cómo quererme o qué no sepas cómo lidiar de la mejor forma para que yo deje de quererte.
Es que no me quieres, y no me das el tiempo porque no te place, y no me ves porque simplemente no tienes ganas, tampoco me esperas porque no soy yo a la que quieres esperar.
Y ya entendí.
Y hasta ahora lo hice.
Me pido disculpas a mí por tardar tanto.
Yo no necesito que me quieran cada dos meses, o que quieran verme solo cuando al otro le place, ni tampoco que lleguen a alborotar cuando estoy apunto de dejar mi patética forma de querer a quien no me quiere.
Yo no necesito tantos pretextos solo por un par de “buenos días, bonita” ni tampoco estar ahí noches entrenas para un “yo también te quiero” e inclusive para recibir palabras forzadas que no sientes.
Necesito que me quieran.
Sí o sí.
Y si no lo hacen, irme.
Deshacerme de todo lo que no me quiere cerca.
Quitar ese “parece que te gusto y luego ya no”.
Hacer a un lado la duda sobre si me quieres o no, o si lo que dices es mentira(aunque siempre terminaba creyéndote)
No te necesito a ti.
Y tú no me mereces a mí.
O estás o no.
Ni medias porciones, ni medios te quiero, ni medias noches de desvelo, ni medias caricias, ni medias esperanzas, ni “lo que me puedas ofrecer”.
Me quieres bien.
O mejor que no (finjas) me quieras.
Y hasta ahora entiendo todo, y solo pido que si no te vas a quedar, dejes de besarme, dejes de mandar un mensaje diciendo que me has extrañado o que llames solo para decirme que estás celosa de con quien salgo. Deja de hacer que te quedas y luego te vas.
Quiero más que eso.
Y no lo tendré contigo.
Pero ya, por fin, entendí.