Outfit con olor a piña

Pensé que iba a tener una bolsa de papel
llena de pan fresco
flores violeta y mermeladas.

Pensé que iba a tener a un gato esperándome
en la ventana observando
mientras le cae el sol a las hojas ya quemadas.

Pensé que iba a conocer a alguien en la terraza
mientras yo trataba de escribir
sobre las hojas de alguna agenda oliendo a nuevo.

Pensé que me iba a ofrecer un cigarrillo,
pero como no fumo, le pediría un café negro
para conversar observando las montañas
hablando de algún tema profundo
sin llegar a la oscuridad del mar
tan sólo tocando la superficie.

Asegurándonos de no ahogarnos mientras hablamos
en la cima del edificio
mientras algunas gotas lograban rociar
la ropa que está allí colgada.

Ropas ajenas,
olores ajenos,
¡si la ropa hablara!

La vestimenta,
cada prenda
tiene historia
¿no lo comprendes?

Funciona como el olfato,
lo ves, lo recuerdas,
lo ves, lo revives,
ves la prenda y lo quieres de vuelta,
quieres abrazar la prenda.

Quiero que la prenda me abrace,
pero estaba puesta en un cuerpo desconocido.
Desconocido, como tú.
Acaso,
¿Aun existes?

No existes y regreso a la terraza,
miento,
no voy a la terraza,
casi nunca,
Nunca.

¿para qué?
Sin bolsas de papel,
sin esferos, sin ropas,
sin inspiración,
sin café,
sin cigarrillo,
sin gatos.

 

Fotografía: Vinnie Nanthavongsa