Otro de mis cuentos… O, ¿relato?

Cuando era niña jamás me gustaron los circos, payasos y demás. Sin en cambio mi hermana y yo quisimos ir a uno que se presentaba en el estado, en ese entonces yo tendría unos 6 años. Ahí fue la primera vez que ví a uno de mis animales preferidos. Recuerdo que su presentación me impresionó por su tamaño, peso, su piel, el color, sus patas enormes, ojitos tristes, pero sobre todo su fuerza descomunal. Después de su actuación, nos salimos por la parte de atrás en donde llegabas a un estacionamiento de un mercado y ahí pude ver de cerca al elefante detrás de la carpa principal, atado con una cadena gruesa y ‘poderosa’ que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca de madera clavada en el suelo. Parecía que el elefante en cualquier momento arrancaría con su fuerza esa estaca y cadena y, huir. El misterio fue evidente: ¿Por qué el elefante no huye, arrancando la pequeña estaca?, ¿Qué fuerza misteriosa lo mantiene atado, impidiéndole huir? Pregunté entonces a mi mamá, mujer sabia de carácter fuerte, me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado, y no sólo eso… El elefante del circo no escapaba porque ha estado atado a una estaca toda su vida desde que era pequeño.
En ese momento, a mis escasos años, entendí que el animal aceptó su impotencia, y se resignó a su destino, dejó de luchar para liberarse.

Mi madre me dijo que ese elefante enorme y poderoso no escapaba porque cree que no puede hacerlo, lo tiene grabado en su mente y sus esfuerzos eran inútiles, dejó de luchar, no es libre porque dejó de intentarlo, inútiles esfuerzos, y dejó de luchar por su libertad. Nunca más intentó poner a prueba su fuerza.

Y ahora entiendo que cada uno de nosotros, tenemos un poco de esos animales que han nacido para estar encerrados, atados. Vamos por el mundo con estacas mentales, vivimos creyendo que no podemos, con la mente revuelta sin saber hacia a donde voltear sin siquiera pedir ayuda o una orientación, y todo porque quizá alguna vez probamos a hacer algo y no funcionó, se grabó en nuestra mente el ‘no puedo’. Crecimos con creencias y en nuestra mente nos auto impusimos no volverlo a intentar.

La única manera de saber cómo romper con esos patrones y creencias arraigadas en la mente, es volver a intentarlo, y ver hasta a donde llegan nuestros límites poniendo el amor y coraje en nuestra alma y sabernos victoriosos de que no hay imposibles.

Fotografía por dirtyharrry