Otro de esos delirios ridículos

Esta suerte de vivido, de pensado, de imaginado, de consciente, es una experiencia extraordinaria. Ashes to ashes. Pero mientras tanto, esto. Siguiendo los pasos de Kafka, me siento aquí, en mi escritorio, en mi vida, en mi noche, y escucho. Hay frío silencioso otoño espíritus que se pasean entre calle y calle, porque el ladrido es muy molesto como para que se quede en un solo semitono la aurora de la madrugada. Bajan los centígrados, parpadean otros desde sus butacas. Aprendiendo siempre pero también aprehendiendo. Ecos del futuro gritan desde la inalcanzable estructura temporal que rige nuestro mundito. El universo es un ruido también haciendo eco en procesos cognitivos y a nivel celular. Pero todo esto es magia en estado semi-puro. La pureza es determinada a partir de los procesos que se puedan llevar a cabo en los espejos. Hay gatos durmiendo entre cobijas. Moviendo energías estáticas calaveras se me asoman por la ventana, salúdense entre ustedes porque aquí el bote ya zarpó, ya zarpó, mi niña. Y nunca nos dimos cuenta. Afuera y el ladrido que en el interior es un movimiento muscular. Escucha, escucha, el maestro del delirio me guía en este texto. Escucha, que a mis huesos ya llegó el cansancio. El lunes se distancia quien siempre a distancia es la distante distanciación. Pero yo soy el perpetrador de la mismísima ausencia que reina los abismos naturales. Bosques a media noche bajo el embrujo de la oscura luz segmento sacro limpieza. Prefiero la sabiduría de las hormigas a la del hombre, que es una misma en una escala diferente. Que se midan entre sí los medidores. A mí me estrangula la percepción del jueves en la madrugada. Sangre dentro de la sangre lloviznando. Que griten los espantos, allá afuera el temor sí es.