Nunca haga caso a lo que se dice

Si alguien cree, que lo que dice
es cierto, buscará que todos bailen
su vals; y si no fuese así, el muy
loco se arrancaría la lengua
para olvidar sus disculpas.

Mejor ser cómo Fernando. Él nunca
falta al trabajo, sólo si es su día
de descanso, o si de noche no
durmió nada, por estar cazando
al gato del vecino; ya que ese
animal nunca se deja agarrar.

Intentaba recordar algo que
mencionaste el sábado, ya cuando
acabábamos de comer y la tele
nos parecía un postre. La verdad no
fue lo qué dijiste, sino el tono y la
manera en la que tus labios se
coordinaron para obedecer a un
orden superior al de las
palabras.

Pero cuando deje de intentar
recordarlo, pensaré en nuevas
formas para intentar que vengas
de nuevo el próximo sábado.
Y así recrear las condiciones
de ese encuentro, en las que tus
desvelos y mis ideales sobre guerra,
vuelvan a congeniar.

Logrando con eso, que intentes
bostezar, mientras hablo y te miro
sin razón alguna. Será ahí, cuando
me dé cuenta que te quieres ir.
Y me ponga frenético por juntar las
migajas que quedan en tu plato, y
las coloque todas en una bolsita
para que te las puedas llevar.

Pero mientras eso no ocurra,
seguiré yendo a la plaza adonde
venden flores. Con ellas adornare
un patio. Esperando visitas (que nunca llegarán)
para presumirles el encanto de ese mar de olores y
colores. Pero, sólo yo sabré que es una ilusión.
Una que valdrá la pena, y qué seguiré haciendo
cada tercer día, siempre y cuando haya colibríes
confundidos revoloteando todas las tardes en mi casa.

Fotografía: John Kilar | Instagram