No howl at all

Dice Allen Ginsberg que está conmigo en Rockland,
pero no es cierto.
Está muerto.
Yo también.
Según Luiselli, yo llevo muerto ya mucho tiempo.
Y soy Wells u Orwell u Owen Wilson.
Y viví en Toluca.
Y tenía una maceta con un naranjo seco.
Yo sólo encontré el naranjo sueco.
Y se mueve si lo ves.
Pero no importa, la muerte no importa.
Por eso le escribimos tanto.
Escribimos a las cosas que no importan.
Al puto amor.
A la puta vida.
A la puta muerte.
¿Por qué no ser como pájaros que vuelan sin cuestionarse?
Si el mar es tan intenso, inmenso, tan terso, es porque
nunca se ha cuestionado, nada.
No se ha cuestionado su tamaño. No es hombre,
entonces es La Mar.
El mar (la mar, da igual) nunca ha dicho nada.
El mar puede decir: Sólo soy muchas gotas.
Pero está ahí, solo dice nada.
Pero ahí estamos tercos que tercos.
Queriendo entender todo, queriendo vivir cuando
estamos muertos.
Kusamasuputamadre causó furor, por loca.

Fotografía: Quentin.Ø’Malley

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Viajero en búsqueda de la aventura que no existe, acampa en desiertos, bosques y selvas. Recorre por las noches las letras de su antigua máquina de escribir para descubrir las narraciones que le son reveladas en el humo que emana de sus cigarros. Lector ávido de un argentino llamado Julio que le ha otorgado el delirio de soñar sobre papel, seguidor de un gringo de nombre Ernest al cual imita en su sed etílica para mostrar la realidad. Poeta de narraciones cotidianas que hace mágicos los objetos con los que convivimos a diario. Conservador de la antigua tradición de narrar lo que le acontece en su día a día sin más afán que el de seguir contando historias. Todo ello se amalgama para crear en su espíritu a un escritor que quiere hacer verosímil lo absurdo del mundo.