No eres tan importante

No eres tan importante. Lo sabía desde antes de proponerte matrimonio y lo sé ahora, a pocas horas del divorcio. Si estuvieras en un top ten, serías el número siete u ocho, pero ni de chiste llegarías al seis. Cuando nos casamos, en mis votos, te mentí: dije que eras la número uno. No lo fuiste entonces y no lo serás nunca.

Acabo de conocer a una chica guapísima en un bar. Su nombre es Cecilia. Luego de contarle que estoy a punto de divorciarme hemos quedado para vernos en la semana. Ya te puedes dar cuenta de cuán prescindible eres en mi vida. Tus recuerdos serán reemplazados a una velocidad récord por una chica mucho más joven y simpática que tú.

Quiero pensar que todo es simple. Engañarme pero, sobretodo, engañar a mi mente, haciéndole creer que te he superado cuando no es verdad. La desazón que siento me ha invadido desde el momento en que me pediste el divorcio, tomaste algunas prendas y saliste de casa, dejándome en el cuarto en compañía de mi sombra, con quien conversé un rato sin llegar a ninguna conclusión útil. Ya habíamos tenido discusiones otras veces guiadas por la teatralidad de un momento tenso. El caso es que esta última ocasión estabas muy serena y centrada. Tu comportamiento me dijo que hablabas en serio sin necesidad de que abrieras los labios. Esta vez no habría discusión, charla ni sexo de reconciliación; te irías así yo te implorara poniéndome de rodillas que te quedaras.

Ahora que extiendes el papel frente a mis ojos, me arrepiento de mis malos pensamientos. ¿Cómo he podido ser tan ciego?, ¿cuándo comencé a perderte? Ni siquiera volteas a verme, pero yo sí te miro a ti. Te miro como cuando te conocí, en aquella fiesta de la universidad. Este momento no dolería tanto si a mi cerebro no se le hubiera ocurrido justamente ahora sacar a colación aquél recuerdo: la barra, los tragos, la charla, la risa, los besos… Ahora todo parece tan distante. Pero debo coger la pluma, sí, coger la pluma y firmar. Firmar y extenderte la mano como una persona civilizada y decirte: Que tengas una buena vida. Y pensar para mis adentros que no eres especial, que -incluso si en realidad creo lo contrario- nunca fuiste tan importante.

Fotografía: Michelle Owen