Maligno

¿Te das cuenta cómo se va pasando la basura de uno a otro? No te culpo ni te crítico. Soy exactamente igual que tú, sin embargo te rechazo. Mi inteligencia emocional solo me hace llorar por mí mismo. Quiero imponer mi juicio ante los demás, no sé, me hace sentir bien supongo, el mundo es un lugar demasiado hostil como para dejar el mío y aceptar otras verdades y si no, al menos tolerarlas. ¿Me pregunto qué tan cobarde soy? Esta forma errática de actuar es acaso una manifestación del miedo más profundo, pero ¿cuál es ese miedo, es siquiera posible reconocerlo, es el miedo que la vanidad alimenta, o son los golpes de mi madre lo que me aterra?

Intento soltar pero solo puedo morder, soltar las cosas soltar el alma soltar el cuerpo, soltarme un pedo, soltarme el miembro, soltar los pies de la tierra aunque sea por un momento, pero ya es tarde, es muy tarde y debo dormir, debo dormir con la mediocre consciencia del progreso que me da la tranquilidad suficiente para hacerlo. Imitar poesía. Los mejores pensamientos llegan cuando es muy tarde, cuando el estómago arde, cuando el dolor por fin cesa y solo queda la angustia incomoda, la que flota todo el tiempo por todas partes, pues días como hoy la incertidumbre de las próximas lluvias que quizás nunca más llegaran llenaran de tristeza los corazones de los hijos que no tengo, y enloquezco.

Mis manos solían ser el ancla al mundo, ahora ya no reconozco ni el mundo ni las manos, el fenomena de esta tierra se complementa de estridentismos esquizofrénicos, donde actuar se vuelve un pensamiento y una mentira ley sagrada, donde los centros comerciales son los nuevos templos, donde adquirir un crédito es más razonable que exigir justicia. Insultos y desprecios.

Sexualistas obsesionados peligrosamente en su sexo, racismo ingenuo, tiranos desde el alma, discriminados que discriminan, burguesía sin cultura, clase media sin emancipación solo reproducción, riqueza sin estilo, pobreza que se viola así misma, sangrar al débil de débiles sin ofrenda ni sacrificio, cuidado con letras en prosa cancerígena como esta, disimulando humanismo que se entierra por las llanuras de una ciudad partida y polvorienta de cocaína y paredes ilícitas, como esta.

Detesto las noches como hoy, cuando el remordimiento es vívido, como si los pecados se materializaran en un cuerpo invisible que se sienta a mi lado a hacerme compañía entre la nostalgia, el vacío y la culpa. Me observa, con su ridícula mirada invisible, y está ahí mientras destruyo mi consciencia con pútridos conceptos y mi cuerpo con medicinas, sin decir nada, como un mal amigo.  ¿Como detener la inercia maldita de un exiliado del alma que no sabe respetar porque no sabe cómo hacerlo, ni por donde empezar a arreglar lo que cada vez se hace más profundo y obsceno?

Fotografía: Dennis Schnieber