Longus

Me asusta mirarme y sentirme de lejos, reírme y saber que el tiempo ha muerto. Vomito llorando: el tiempo está muerto. Despierto morada, no sé si mostrarme entera o dejarte por siempre en espera.

Tuya o mía la ira asesina gargantas y cercena lo poco que queda. Sin embargo, he pensando dejar el pasado, morirme despacio aloscuarentaañosalosochentaaños, sentada muy blanca helando los párpados.

Tranquila respiro los llanos del cuerpo, rojomarrón, por nada despierto. Cada minuto es el canto del cuervo, desfalleciendo sonrío aunque ya no sea viviendo. Panteones, rocíos, aretes fingiendo fugarse en mis ríos de agua ardiendo.

No encuentro, no encuentro caminos de fuego, no encuentro, encuentro, encuentro dolores eternos, de piernas, cabeza; todos hemos muerto. Por eso, amanece y me veo adentro del hoyo del suelo de mil setecientos. No sueño, no es mío, este mundo nuevo. No soy, no soy de aquí del terreno, yo soy, yo soy de allá del infierno.

Por ello, por ello, basta cruzar mi cuerpo del cuerpo de alguien que es mi cuerpo. Desdobla, desdobla el cráneogusano, me muestra, y muestra mi cara sin serlo: ahí, ahí estoy yo sin creerlo. Morí y lloví las plantas y vientos.

Espejo es mi rostro oxidado de miedo, me miro, me miro y ya no me encuentro. Espejos reflejan la muerteagonía viviendo, siguiendo en la misma metrópoli, la ruina, la ruina se acerca: me doblo, me mojo, me doblo en el hueco.

Fotografía: Isa Gelb