Lo difícil es discernir

Entré por la salida.
Aquella que decía: «Baila para no llorar.»
Eran ruidos salvajes, pisadas brutales y lágrimas astrales.

Caminé hacia el rehoyo y a lo lejos pude distinguir las roturas casuales.

Un movimiento poco natural fue el resultado de un exceso de brío y preferí detenerme justo en la orilla a contemplar, aunque sin entender, el actual orbe con su ausencia.

Sería inútil tratar de entender algo tan complejo como ese sentimiento de saudade, pero domino el cómo se sentía.

Era como desconocer razones, culpar a nescientes y evocar un tris de locura.
Me empeño en tocar fondo para lograr mimetizar mi cuerpo con las olas del mar.

Lo difícil es discernir el momento de un sueño siniestro; mi mente lo disuelve igual.
Juego a ser otra y así poderme vivificar.

Miento si digo que no siento mal, pero me siento segura saboreando la verdad.

Quiero aspirar con toda la fuerza que me dan las ganas, pero la profundidad de mis pensamientos es casi tan inmensa como la de el lago Baikal.

Pierdo la noción de todo y el agua cubre mi alma.
Analizo donde piso y me encuentro contigo.

Es el destino golpeando mi cara, con una bocanada de aire fresco que traía consigo.

Fotografía: Luciana Giachino