Las partículas elementales

Hoy el aire de esta ciudad está llena de humo. En algún lugar cercano se quema un bosque. Mi abuelo va a unirse a la Fuerza de Bomberos: lo operaron de la próstata el mes pasado y ha estado orinando con gran potencia.

Hace algunos años le recomendé a mi compadre Las partículas elementales de Michel Houellebecq. Creo que es el único libro que le recomendé que leyera. Es una de las novelas que he leído más veces. Mi memoria es mala selectiva. Cada vez que leo un libro que ya he leído anteriormente, puedo disfrutarlo como si fuera la primera vez. No miento. Exagero un poco.

La nata densa y gris sigue invadiendo el aire. Me recuerda al lugar de donde vengo. Me hace pensar en China. El planeta se incendia. Quizá esto esté llegando a su fin. Esto sí lo recuerdo: la novela comienza en un tiempo después-del-ser-humano: habitan otros seres que –con algo parecido a lo que nosotros llamamos tristeza– hablan de los humanos y de las vidas que llevábamos en la Tierra.

Es de esos libros que me hacen sentir acompañado. Cuando comencé a vivir aquí, conseguí un ejemplar de segunda mano. Se lo presté a James pero nos dejamos de hablar después de un pequeño altercado. No supe si lo leyó. No me lo devolvió así que la esperanza no ha muerto. Mi compadre, en su tiempo, no tomó en cuenta mi recomendación. Ahora ya es tarde.

Houellebecq también sería un buen elemento en la Fuerza de Bomberos. Debe ser un experto en chispas, fuegos, humos y cenizas: nunca suelta el cigarro. Fuma uno tras otro. Chain-smoking, dicen aquí en esta ciudad. A lo mejor él provocó el incendio. O alguien que fuma como él. Si fue así, ojalá que por lo menos escriba novelas como las suyas. Me gustaría leerlas también.

Fotografía por Martin Canova

Abel Ibáñez G.

Director y editor de ERRR Magazine. Músico y escritor. Nací en la Ciudad de México y hace unos años me mudé a Australia. Me gustan mucho los frijoles y las aceitunas.