La razón por la cual pierdo los encendedores

Yo sólo te quería pedir que me quisieras a mí.

Sí, a mí. Que ni siquiera sé qué es lo que quiero. Sé que han pasado sólo un mes y días, pero te pareces al chico con el que me hubiera gustado estar a los 15 años. Y sí, también sé que tengo ahora 20 años, y que ya estuve con chicos como vos, con diferente nombre y aroma, pero con la misma actitud de «qué triste es esta vida de mierda». Pero vos si tenes motivos para estar triste, y yo los respeto. Sin embargo, yo siempre soy la pelotuda del cuento. Pero vos me miras con esos ojitos chinitos mientras hablo incoherencias para impresionarte, mientras me hago la que no se engancha. Y por dentro pierdo la mirada, y tengo miedo. De vos, por sobre todo de mí, que todo rápido se me acaba.

Yo sólo te quería pedir que me quisieras, y ahora estoy muy cansada. Y el invierno no es una imagen grunge sacada de alguna fantasía millenials. Pero me hace tanto frío y estoy confundida. Todo me carbura mal. Quiero ser la sana, la risueña, quiero ser todo lo que me prometí de chica y que ahora parece tan sólo una foto comida por la humedad. Vos estas ahí, tan dulce e indeciso. Me vas a cagar. Yo sé que me vas a cagar. Porque no sé jugar estos juegos. Nadie me enseñó. A los sumos me hago la interesante, la «yonoséqué», pero no sé fingir amor. Por eso cuando te digo que te quiero, lo digo de verdad, y no por mensaje de texto como vos los haces hace un rato.

Pienso en retirarme de la partida, pero vos estás tan triste que no lo registras.Y supongo que hay heridas que hay que sanar solo. Yo no te puedo ayudar. No puedo ser la chica que sana al chico malo de la película, porque estás roto y no sos malo.

Y es así que yo me alejo.

Me alejo sin mirar atrás.

Fotografía: Clothilde Pasquier