La Nota

PARTE 1

Nos destruimos, te amé y me amaste. Lo hicimos mal, o lo hicimos excelente para ser un par de psicóticos, llenos de inseguridades. Pero como negar la inmensa intimidad que nos unía cual imanes, el deseo de poseernos con la naturaleza de un amor enfermizo. Tú no podías existir sin mí y a mí me pasaba lo mismo. El calor de tu brazo rodeando mi espalda y pecho desnudos era siempre la culminación de una caótica guerra de poderes. Luego de consumarse la pasión me acurrucaba sobre tu pecho, y entrelazaba mis piernas con las tuyas, no podías escapar pues eras mío. Despertar abrazados y en calma para agradecer un nuevo día juntos. Seguido de una riña por una llamada de tu ex. Mientras te irritaban mis gritos y me observabas furioso mientras yo corría de un lado a otro buscando mis cosas pregonando que no volvía más. Al cruzar la puerta, tirabas de mi con fuerza hacia ti, con insolencia decías “No te puedes ir” clavando una mirada territorial en mis ojos llorosos.

Odiaba que durmieras mientras veíamos películas y terminaba durmiendo junto contigo, las profundas pláticas de madrugada. Nadie me entendió jamás como tú lo hacías. En ocasiones sueño contigo y te extraño aunque sé que nos destruimos y puse la última pauta para alejarnos, tire tus discos favoritos por la ventana junto con el collar que me regalaste en nuestro tercer aniversario. Tampoco me olvide de lanzar la foto que nos tomaron en la boda de tu hermana, antes del caos, antes de que el amor se convirtiera en veneno letal. Aquella vez tú te marchaste, tomaste mi cara con ambas manos y me diste un beso largo lleno de odio y de amor. “No puedo más” fueron tus últimas palabras y te fuiste azotando la puerta. Tan rápido que respondí al aire “yo tampoco”

No devolví tus llamadas, cuando venias a casa me negaba. Y si logre ignorar que existías hasta que llego un punto de quiebre en el que te extrañe y te busque sin parar hasta enterarme que estabas de vacaciones en Panamá, decían que perdiste peso y recuperaste vida. Que eras otro desde que lo habíamos dejado. Me invadió un dolor fuerte en el pecho al saber que me estabas intentando borrarme o que tal vez ya lo habías conseguido.

PARTE 2
Entre con calma al salón, la recepcionista me miraba con cierto desespero, mas no le tome importancia pues era más importante seleccionar el lugar preciso donde esperaría. Y bien lo conseguí, mas no contaba con que minutos más tarde una pareja se posaría frente a mí.
El tiempo pasaba lento, pedí un trago al camarero, el cual demoro más en llegar de lo que tarde en tomarlo, lo bebí en dos golpes y pedí dos tragos más. La espera resultaba cada vez más insoportable, había pasado poco menos de una hora pero insistía en esperar o embriagarme. Salí del ensimismamiento cuando levante la cabeza buscando al mesero y se cruzó mi mirada con la de la chica de enfrente en seguida mire a su pareja y pude reconocernos a nosotros en ellos. Cambio mi concepto de “distancia” al observar que mientras ella sentía que la mesa era demasiado grande e intentaba acercarse tanto como podía. El sentía que era un espacio diminuto y lo delataba la expresión de su rostro, sentía que se asfixiaba. Ella no paraba de hablar y preguntarle miles de cosas con tal de hacer conversación, mientras el solo contestaba sí o no.
Lo que parecía es que buscaba el momento de despedirse, quizás dejarla, con los dedos de su mano, sobre la mesa imitaba el tic-tac del reloj. Aumentando el tedio en el ambiente, pobre mujer esta tan enamorada que parece no notarlo o tal vez lo sepa pero no está dispuesta a aceptarlo, como yo me rehusándome a retirarme pensando que en cualquier momento llegaras. Por fin llegó el momento él la ha botado finalmente, poniendo de excusa el trabajo y la monotonía. Ella permaneció paralizada un par de minutos hasta que por fin demostró que veía muchas telenovelas, lanzándole el café encima para luego darle una cachetada y marcharse, aunque a mí no puede engañarme. Su paso era lento esperando que el fuera tras de ella pero eso no paso. He visto suficiente, he pedido la cuenta para por fin marcharme, ya sin la esperanza de que nadie vaya tras de mí, iré sola a casa como ella. Y tal vez tú, como aquel tipo, cambiaras tu camisa y seguirás con tu vida.

PARTE 3

Estaba por tomar el taxi, ahogada en alcohol cuando sentí tu mano sobre mi espalda, tres horas tarde y solo dijiste que te confundiste de hora y que me urgía un café. Volvimos al interior del lugar. Y yo, fingiendo tanta sobriedad como me era posible te explique el motivo por el cual te cite, dije que había cambiado mucho en estos meses y que había reconsiderado nuestra ruptura, dije que te seguía amando como antes y que también te extrañaba, aunque sabía que lucía patética porque incluso se me dificultaba hablar. Me interrumpiste diciendo que no hacía falta entrar en detalles y no tardamos mucho en salir de ese sitio para ir a un hotel, donde nuevamente me entregue a ti y sentí estar en el cielo al menos por un par de horas.

Cuando desperté ya no estabas, te habías marchado y hasta ese momento note que estaba en un hotel de mala muerte, abandonada, con resaca y recuerdos nublados de lo que había ocurrido. Llame a recepción para intentar averiguar dónde estaba, con tanta sutileza como pude. Hasta que me solté en llanto y termine por admitir que me habían dejado ahí, luego de una noche de copas. Cuando volví a abrir los ojos encontré una nota tuya que decía

Sandra:
Al verte tan ebria no me atreví a decirte que estoy en una nueva relación, muy diferente a la que tenía contigo. Por fin me siento en paz y libre.
Por favor no vuelvas a buscarme.