La musa que derramó la noche

El whisky se terminó a eso de las dos de la mañana y las páginas seguían en blanco, me había prometido a mí mismo dejar de beber, al menos hasta que los dolores en la espalda baja desaparecieran. Pero no lo logré, los cigarrillos persistían, a esos sabía que jamás los podría dejar, ya eran parte de mi alma, que seguramente ascendería al cielo en forma de humo de tabaco.

Dos horas después los cigarrillos seguían consumiendo la noche y las páginas continuaban en blanco, incluso la pornografía me había aburrido ya, estaba por desistir y marcharme a la cama cuando ella apareció en el umbral de la puerta, medio dormida y con sus senos grandes desnudos y su piel de porcelana, la miré con atención y pensé que ser escritor es una vida miserable, a veces el demonio aparece y otras no, cuando tienes suerte se manifiesta y uno no logra comprender ni una sola palabra de lo que dice.

Pero hoy mande al diablo al infierno, ¿quien lo necesita?

Ella se tambaleó por el cuarto en busca de un sostén que no encontró, se inclinó a buscar en el piso, bajo el sillón y detrás de mi escritorio, al final se rindió y me acercándose a mí en toda su magnífica desnudez me besó, pude oler su cabello, mientras lo hacía algo dijo, pero no escuche, o mejor dicho no quise hacerlo, y ella se fue a la cama.

Después de eso necesité un whisky, no lo encontré así que me bebí dos cervezas, las páginas estaban milagrosamente llenas al final de la segunda cerveza, los vecinos peleaban al otro lado de la pared y un gato escarlata maullaba en la ventana de abajo, recordé el pálido color de su piel desnuda y el aroma de su cabello suelto, pensándolo bien, la poesía en mis páginas era una mierda.

Terminé el último cigarrillo y me reuní con ella en la cama. Me embriagué de su piel, de su cabello, de la poesía en sus curvas. Despertó y sonrió, había poesía en su rostro.

-¿Qué haces?- preguntó ella.

-Es sencillo,- respondí después de darle el primer beso, -cambiaré letras por lengua.

Fotografía: YYOWLSOLO

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Moises Ortigoza

Escritor libre, aficionado, nocturno, reacio a aceptar a los autores, las formas y contenidos definidos o aceptados como literatura. La lectura debe provocar alegria, generar un habito, inducir un vicio...