La fuerza exterminadora

Obra en un acto

PERSONAJES

Anciano 1

Anciano 2

Anciano 3

Sole, joven muy bella.

Los tres ancianos fueron ganaderos, sus vestimentas son de pantalones vaqueros y camisas a cuadros gastados. Sole de cabello largo y negro viste radiante y bella.

LUGAR

Un pueblo sin tiempo.

ESCENARIO

Los tres ancianos están sentados al centro en segundo plano, el fondo es oscuro. La iluminación es amarilla, muy calurosa y árida. Un rifle reposa en medio de ellos recargado en algún banquito o mesita.

Apertura de telón

En primer plano una luz azul sigue a Sole. Viste mantos blancos y eróticos que realzan su belleza. Se encuentra estática a uno de los costados del escenario. Después de una pausa camina para después dar un par de saltos de ballet con las piernas extendidas con mucha gracia. Se sienta un momento con las piernas entrecruzadas en posición de mariposa. Ve hacia al frente. Se encuentra inmutable en todo momento. En segundo plano se encienden las luces amarillas que iluminan a los tres ancianos, estáticos, sin mirar a Sole. Ella se pone en pie y camina soberbia hacia el otro costado del escenario hasta desaparecer de escena. La luz azul se apaga apenas ella sale.

ANCIANO 1: ¿Qué habrá sido de la Rufina?

ANCIANO2: Pues lo que le pasó a la tierra.

ANCIANO 3: La tierra… la tierra también se vende.

ANCIANO 2: Tuvo retoños…

ANCIANO 1: … Sus lágrimas.

ANCIANO 2: Pues ahí estaban sus hijos también.

ANCIANO 3: Se fue con quien más le convenía.

ANCIANO 1: Con un millonario, pero ya no supe más.

ANCIANO 2: Dicen que no podía tener hijos.

ANCIANO 1: Pobre Maximiliano.

ANCIANO 3: Rufina no los quería tener con un pobre carpintero…

ANCIANO 1: Era buen hombre, se hizo cargo de ellos aunque no se parecieran a él.

ANCIANO 2: ¿Para qué estar con una mujer así?

ANCIANO 1: Rufina era una mujer muy bonita.

ANCIANO 2: Cuando lo abandonó se fue con las mujeres de la casa de doña Bere…

ANCIANO 3: Se fue a matar de sífilis y gonorrea.

ANCIANO 2: Eso decían.

ANCIANO 1: Estaba despechado el pobre…

ANCIANO 3: Rufina le hizo reverencias apenas puso las cuatro llantas en el pueblo.

ANCIANO 2: Ese güero le hacía mucho caso. Maximiliano tenía muchos gastos con la crianza de sus hijos… o de quienes hayan sido.

ANCIANO 1: Y de su hermano, el pobre Pedro. Ni siquiera sabía manejarse con soltura en la silla de ruedas.

ANCIANO 2: Dependía mucho de Maximiliano.

ANCIANO 3: No le importaba, se fue a matar con doña Bere.

ANCIANO 1: Luego Pedro pedía limosna en la puerta de la iglesia.

ANCIANO 3: Porque Maximiliano se dejó morir y se lo encargó a la providencia.

ANCIANO 1: Rufina lo maltrataba y a sus hijos.

ANCIANO 2: Si no le importaban sus hijos, mucho menos le importaban Maximiliano y su desgraciado hermano.

ANCIANO 3: Todos teníamos tierras en este pueblo, el ganado era lo nuestro, no la carpintería.

ANCIANO 2: Maximiliano tenía un oficio digno, pero Rufina no lo entendió.

ANCIANO 1: Ahora todo es llano… no queda un tronco hueco de pie ni tumbado sobre la tierra.

ANCIANO 2: Las mineras…

ANCIANO 3: Me aconsejaron no vender.

ANCIANO 2: Pero son nuestras.

ANCIANO 1: De la tierra no queda más que piedra agrietada, dura como el mármol.

ANCIANO 2: A esta tierra ni el cincel la perfora.

ANCIANO 3: Ya nomás hay ruina a los ojos. La tierra servía para alimento; El pueblo para habladurías.

ANCIANO 2: Tú que hacías caso.

ANCIANO 3: Todos hablaban. Miren bien la tierra cuando la peina el viento… ya ni polvo nos queda.

ANCIANO 1: A doña Bere le iba bien con los mineros…

ANCIANO 2: Yo sólo de chismes sabía.

ANCIANO 3: Yo fui pero no a dejarme morir.

ANCIANO 2: Les hubieras pedido trabajo a los mineros…

ANCIANO 3: Eran empleados, yo era dueño de mis tierras.

ANCIANO 1: Los canadienses las dejaron huecas.

ANCIANO 2: Ni el polvo nos dejaron.

ANCIANO 3: Cómo íbamos a adivinar.

ANCIANO 1: Debimos venderles.

ANCIANO 2: Todos en el pueblo lo hicieron.

ANCIANO 3: Qué más da.

ANCIANO 1: Hasta doña Bere…

ANCIANO 3: Nomás dejó que se muriera Maximiliano.

ANCIANO 1: Puso una corona muy cara en su funeral.

ANCIANO 2: Todos sentían pena por él.

ANCIANO 1: Maximiliano era un buen hombre

ANCIANO 3: Era un pobre diablo.

ANCIANO 1: Pedro no fue al funeral.

ANCIANO 3: Todos los hijos… siempre borrachos.

ANCIANO 2: La iglesia ya estaba en ruinas.

ANCIANO 1: Nunca lo escuché blasfemar.

ANCIANO 3: Sus hijos lo negaban, hablaban contra Maximiliano.

ANCIANO 2: Le decían “viejo miserable” entre risas.

ANCIANO 1: Mientras se atiborraban de aguardiente en la casa de doña Bere.

ANCIANO 3: Pedro traía su aguardiente escondida en una bolsa de su silla de ruedas cuando pedía limosna afuera de la iglesia (Se seca el sudor con un pañuelo mientras se quita el sombrero. Con la voz firme y en lo alto.) ¡Maldita tierra en donde sopla el viento que trae solo calor de infierno!

Los tres ancianos quedan a oscuras mientras la luz azul sigue a Sole en su andar en primer plano, camina lentamente por el escenario, erguida poseedora de todo el escenario hasta quedarse en el centro. Camina hacia un extremo del escenario. Baja la cabeza, ya no es arrogante. Camina hacia el segundo plano mientras las luces amarillas son prendidas sobre los tres ancianos. La luz azul se apaga y ella entra en su plano. Los tres ancianos están inmóviles. Ella toca los hombros y brazos de todos hasta pasar al otro lado del escenario. Se sienta entrecruzando las piernas a un lado de ellos. La luz amarilla también la ilumina. Apoya el codo sobre su pierna para que la mano apoye su quijada para poner atención a la plática de los tres ancianos. Ellos no notan su presencia. Sole queda estática.

ANCIANO 1: Me acordaba de Sole… mujer más hermosa jamás vi en mi vida.

ANCIANO 3: Ella no era interesada como la Rufina.

ANCIANO 2: Tenía un cuerpo hermoso. Su piel era muy blanca.

ANCIANO 3: A Sole nunca le dio el sol, sus rayos no se atrevían a tocarla.

ANCIANO 1: Decían que estaba maldita, tanta belleza y… siempre se sintió muy sola y sola andaba por el pueblo.

ANCIANO 3: Eso es mentira, tenía mucho carisma en el pueblo.

ANCIANO 2: Los niños y las mujeres la adoraban…Todos los hombres, todos querían casarse con ella.

ANCIANO 3: No les hacía caso, nadie le llegaba ni a los zapatos.

ANCIANO 2: Déjate de cosas… ¿Quién iba a estar a su altura?

ANCIANO 1: (Alzando la voz.) ¡Por eso! En el pueblo no tenía nada que hacer…

ANCIANO 3: También te gustaba…

ANCIANO 1: Su cabello era muy negro pero sus ojos eran oscuros, su mirada parecía no tener fondo, como si una ausencia habitara en ellos.

ANCIANO 2: Su voz era un hechizo y sus uñas un ramo de rosas cuando juntaba los dedos para llevarse un bocado en la fonda. Su sonrisa…

ANCIANO 1: Siempre se sentaba a la mesa sola, sonriente con todos, pero sola.

ANCIANO 3: (A Anciano 2.) ¿Qué vas a saber de su sonrisa si ni te volteaba a ver? (A Anciano 1.) Y tú, ¿cómo ibas a saber que se sentía sola? Nomás te importaban tus vacas aunque se estuvieran muriendo de hambre.

ANCIANO 1: Alguna vez crucé unas palabras con ella en la recaudería de don Alfonso, aquel viejo y enfermo que tosía por las polvaredas recién comenzadas.

ANCIANO 3: De aquél entonces venía esa polvareda en donde el silencio viajaba y cortaba el viento.

ANCIANO 1: Era la furia desde la punta del cerro.

ANCIANO 3: Sole bajó desde sus senderos, no de costilla, sino de tierra hecha mujer. De piel blanca y cabello negro…

ANCIANO 2: Dicen que devastó a Luvina.

ANCIANO 1: Los viejos de entonces la vieron llegar, como don Alfonso.

ANCIANO 3: Ya todo es ruina y la tierra piedra

ANCIANO 1: ¿Sienten la brisa?

ANCIANO 2: La presa…

ANCIANO 3: A ratos se escucha el estruendo.

ANCIANO 1: Es el sonido del heraldo.

ANCIANO 2: (Asomándose hacia al llano.) ¡Pérense, viene un coyote!

ANCIANO 1: (Toma el rifle y apunta a la llanura.) ¿Dónde está? ¿Dónde está?

ANCIANO 3: ¡Dejen de hacerse majes! ¡Aquí no hay nada ni viene nadie!

ANCIANO 1: Ta bueno, pues. (Deja el rifle en su sitio.) Más vale estar atento

ANCIANO 2: Parecía un coyote…

Se hace un silencio, se miran unos a otros, toman sus pañuelos para secarse el sudor, se acomodan los sombreros.

ANCIANO 1: (Señalando con el brazo extendido hacia el llano.) Por allá encontraron a Sole… (Desalentado.) Pinches coyotes…

ANCIANO 2: Dicen que la fueron a aventar allá y que los coyotes se comieron ya nomás su cuerpo.

ANCIANO 3: La reconocieron por las ropas que traía.

ANCIANO 1: Esa vez, en la recaudería, tenía un semblante triste como si tuviera el corazón roto, pero no le conocía novio.

ANCIANO 2: Así como llegó al pueblo, descubrió de inmediato que quería irse.

ANCIANO 3: ¿Cómo se llamaba?

ANCIANO 2: Sole…

ANCIANO 3: No, este pueblo…

Pausa.

ANCIANO 3: Ella no salía con nadie.

ANCIANO 2: Tuvo muchos pretendientes pero no se salía con ninguno a pasear.

ANCIANO 1: La Rufina le tenía mucha envidia.

ANCIANO 2: Rufina también era muy bonita.

ANCIANO 3: Pero era una desgraciada por culpa de Maximiliano.

ANCIANO 1: La trataba como una reina.

ANCIANO 3: Era un carpintero en tierras de ganado…

ANCIANO 2: Pero se casó con él.

ANCIANO 3: Ya estaba embarazada.

ANCIANO 2: Es lo que decía la gente.

ANCIANO 1: Maximiliano era un buen hombre… ya déjenlo descansar en paz.

ANCIANO 3: Aún casada había hombres que le hacían la ronda.

ANCIANO 1: Pobre Maximiliano, no tenía carácter.

ANCIANO 2: Hay historias que merecen saberse para que este pueblo descanse de una vez. Pa los que están en estas tierras (Toma el rifle, se pone de pie y camina hasta llegar al primer plano del escenario apoyándose en el rifle a manera de bastón.) y pa los que no volvieron más.

Sole se pone de pie y camina despacio mientras voltea a ver a Anciano 2. Los dos quedan al frente separados por unos tres pasos. La luz es ahora azul. Anciano 2 deja caer el rifle al suelo. El segundo plano queda a oscuras poco a poco.

SOLE: (Apurada.) Es nuestra oportunidad, ¡Estas malditas tierras ya no tienen nada! Todos están vendiendo (Lo toma del brazo. Se junta a su cuerpo.) ¿Me amas?

ANCIANO 2: (Su voz ahora es jovial y sus maneras también.) Sole, ¡ya no te atrevas a preguntarme eso!

SOLE: ¡Entonces demuéstralo!

ANCIANO 2: He hecho cosas impensables por ti y nunca estas satisfecha (la estruja fuerte por los hombros.) ¡Quieres que deje todo por lo que he trabajado tantos años? ¿La tierra que me heredaron mis padres?

SOLE: (Se suelta de sus manos.) No tienes miedo de dejar tus tierras, tienes miedo de dejar a tu esposa y a tu hijo ¡Demuestra que me amas!

ANCIANO 2: ¿No es suficiente lo que he hecho por ti? Cómo voy a dejar a la buena de Dios a mi familia?

SOLE: Vende tus tierras y les dejas buen dinero y lo demás nos lo llevamos nosotros, lejos de este terregal.

ANCIANO 2: Me manché las manos de sangre por ti y ¿todavía se te hace poco?

SOLE: Pues no vale de nada si no nos largamos de aquí.

ANCIANO 2: ( Se pasea pensativo por el escenario.) Voy a hablar con el canadiense… en cuanto tenga los papeles y el dinero nos largamos mi amor.

Anciano 2 intenta abrazarla pero Sole no se deja. Se aleja de él mientras comienza a sollozar de manera amarga.

SOLE: ¿Y cómo sé que no me estás mintiendo sólo para estar conmigo? A lo mejor me dices esto para que me calme y mientras te sigas aprovechando de mí.

ANCIANO 2: ¿Pues cuándo me he aprovechado de ti?

SOLE: No te hagas, solo me quieres por mi cuerpo o desde cuando que nos hubiéramos ido de este pueblo infernal que ni en la noche halla uno la sombra.

ANCIANO 2: Mija, yo a usted la amo…

SOLE: Hasta cuando me lo vienes a decir. Tengo largo rato rogándote. Me has hecho una rogona, sólo quieres aprovecharte de mí, es más, ya ni vendas tus “adoradas tierras” ya no quiero verte.

ANCIANO 2: No te pongas así mi amor, ¿pues qué no le tiré bala a quien te estaba molestando?

SOLE: Pero te tengo que andar rogando pa que me digas que me amas.

ANCIANO 2: Vengase para acá (Se acerca a ella y la abraza.) Te amo, Sole. Ya nos vamos de aquí.

Anciano 2 y Sole se separan. Ella se sienta con las piernas entrecruzadas en posición de mariposa a un costado del escenario y agacha la cabeza. Luego Anciano 2 toma el rifle del suelo, se apoya en él a manera de bastón y camina lentamente al segundo plano a sentarse con los demás. En cuanto llega ahí la luz amarilla se enciende mientras la luz azul se mantiene sobre Sole.

ANCIANO 3: ¿Creen en el diablo?

ANCIANO 1: Doña Bere seguro le gritó.

ANCIANO 2: Le iba muy bien…

ANCIANO 3: (Absorto.) El pinche diablo estaba en el pueblo… vean estas tierras duras, áridas… muertas. Ni la guadaña de la muerte es capaz de perforarlas.

ANCIANO 1: Se olvidó de nosotros.

ANCIANO 2: Pero el diablo no; Primero nos acabamos el hambre y luego no alcanza la vista, no tiene bordes la sequía.

ANCIANO 3: Amargo es el arroyo seco y sus miserias.

ANCIANO 1: El diablo tenía nombres…

ANCIANO 3: Yo sólo conozco uno. (Se para y camina, apoyado por el rifle hacia al primer plano. La luz amarilla lo sigue mientras el segundo plano se oscurece. Mira hacia al frente, cansado, harto. Exclama con voz fuerte.) Nos has tenido en el hambre, pero vivos, sin piedad lo has hecho. ¡Largate de estas pinches tierras de una vez por todas! Maldita sea la hora en que pusiste un pie en este pueblo. Nos moviste las cabezas a todos y de nuestro corazón hiciste miseria. Ahora yo te grito: ¡Largate! Deja que la muerte entre en paz y nos llegue el día de la aniquilación. Deja de ponernos tunas y nopales ¡Ya vete! Deja que la muerte entre en paz. Maldito ser de los infiernos deja de alimentarnos que procuramos morir.

Anciano 3 se desploma y agotado de rodillas queda inmóvil sujetado del rifle que le permite no caerse. Sole se pone de pie y camina al centro del escenario, la luz que la ilumina ahora también es amarilla. Se posiciona al lado de Anciano 3 volteando hacia al frente.

SOLE: (Cantando.)

Si por el camino del campo llegué hasta aquí

Fue por la sed y la necesidad de a tu lado estar

Vine a tus aposentos, querido, es que mi vida

ya no tenía sentido

Y en la profunda soledad

me obligué a amarlos para no volver a mis llantos…

Anciano 3 interrumpe el canto con un sollozo desencantado sin voltear a verla.

ANCIANO 3: No me maldigas cuando llego borracho a verte (Siguen los sollozos.) ¿Por qué me escondes de los demás? ¿A caso te avergüenzas de mí? (Suplicando.) No tengo ningún compromiso… no seas mala conmigo Sole, yo no tengo la culpa de tus desdichas, yo te quiero bien…

SOLE: (Cantando.)

Y si acaso el dinero no alcanzara, mi vida,

yo te puedo regalar la cuantiosa mía.

Cree en mi corazón que te canta

y no voltees tus oídos a los dichos

que yo soy tu vida y tú la mía.

ANCIANO 3: (Se seca las lágrimas y se reincorpora ayudándose del rifle. Sole ahora lo observa con remordimiento pero él sigue sin notar su presencia.) Ya sólo quiero descansar… (Suplicando.) Vete por favor…

Sole camina con la cabeza agachada siguiendo a Anciano 3 rumbo al segundo plano, apoyado por el rifle. Anciano 3 se voltea hacia Sole de manera sorpresiva. Bota el rifle en el suelo, ahora es jovial y caminan con pasos armónicos y dinámicos en una sutil coreografía de baile por todo el escenario.

ANCIANO 3: Tu vulva, tu entorno desplumado; Tu carne de gallina en toda mi boca.

SOLE: Húmedos, hastiados sin saciedad, come mi amado.

ANCIANO 3: ¿Y cómo es que tus piernas abiertas nos dan hálito… en medio de ti?

SOLE: Es donde encuentro tu simetría, cuando somos rompecabezas, ansiosa de ser armada.

ANCIANO 3: ¿A caso soy una pieza a tu merced, mi amada, en las noches que ya son de mañana?

SOLE: Y a tu merced. Desde esta pertenencia nocturna y ya de mañana, moriré ahogada, en donde el olor a tierra mojada es falsa promesa de lluvia entre los terregales de nuestras pesadillas, mi amado.

ANCIANO 3: Me perturbo por el dominio de tus manos en mi cabellera, perturbado con mi invasión en tus manos, en todo tu cuerpo.

SOLE: Es el tormento de la noche, mi bien querer, que ya es de mañana.

En el centro del escenario se sientan en el suelo uno frente al otro engarzados de manera erótica.

ANCIANO 3: Úntame con fuerza hacia ti, dame la dicha de morir como un campesino que encuentra el fruto más peligroso en la más difícil jornada en el campo.

SOLE: Es el tormento de la noche a la luz de una lámpara, mi amado, en la quietud de la cama en la que dominas con mi dominio.

ANCIANO 3: Afuera la tormenta nocturna espera por mojarnos, bajo el trueno en su esplendor y relámpago que muestra nuestras despedidas que no nos queremos dar.

SOLE: Las presumimos bajo el trueno maldito, el que nunca anuncia las aguas, debajo de nuestras dominaciones; como de ti, bebo de ti… mi amado.

ANCIANO 3: Te penetro por mí para ti, para extender tu dominio en la noches de tormento, mi amada.

SOLE: Somos instinto y, para no permanecer solos, usamos el pretexto del placer.

Desalentado, Anciano 3 vuelve a su vejez, se apoya en el rifle a manera de bastón y se sienta con los otros dos ancianos. Sole sale del escenario lentamente y con la cabeza agachada. 

ANCIANO 1: Se ha preparado el terreno.

ANCIANO 2: Las aguas ya vienen.

ANCIANO 3: Ya pa qué…

ANCIANO 1: Las ciudades…

ANCIANO 3: ¿A quién le importan?

ANCIANO 2: Pues a ellos, ¿a quién más?

ANCIANO 1: ¿Les llegó el aviso?

Pausa.

ANCIANO 3: Son mis tierras.

ANCIANO 2: Y las mías.

ANCIANO 1: También las mías.

ANCIANO 3: Por eso traje el rifle.

ANCIANO 1: Qué les va a importar tres viejos.

ANCIANO 2: No nos van a venir a buscar.

ANCIANO 1: ¿Y si los coyotes no eran coyotes?

ANCIANO 3: Por eso traje el rifle.

ANCIANO 1: ¿Pues no dices que aquí nadie se aparece, que no nos hagamos majes?

ANCIANO 3: … El pinche diablo…

Pausa.

ANCIANO 1: La maquinaria.

ANCIANO 2: Ya no está.

ANCIANO 3: Primero las minas; Después las aguas.

ANCIANO 1: Ya tiene décadas. Yo digo de las otras.

ANCIANO 3: Ya también se fueron…

ANCIANO 2: No volverán ni por nosotros.

ANCIANO 1: Qué más da.

ANCIANO 3: Ya vienen las aguas.

ANCIANO 2: Llegó un momento en que al agua le dejamos de importar.

ANCIANO 3: Y a buena hora amenaza con venir a torrentes… ya pa qué.

ANCIANO 1: Nos ahogamos en lo que no tenemos…

ANCIANO 2: Tierra.

ANCIANO 3: Agua.

ANCIANO 1: Sole…

ANCIANO 3: No digas sandeces…

ANCIANO 1: Ya estamos muy viejos como para no mencionarla, más allá que si los coyotes se la comieron o que no se paseaba con nadie en el pueblo…

ANCIANO 2: No tiene caso, ¿Pa qué nombrarla, hablar de ella?

ANCIANNO 3: A estas alturas es una tontería.

ANCIANO 1: Si fuera tontería, entonces ¿Pa qué traes el rifle? Pa tu pinche diablo, ¿no?

ANCIANO 3: No tires tanto de la reata , déjala descansar en paz, cabrón.

Suenan varios estruendos que se mantienen mientras el escenario está a oscuras, el estruendo puede intercalarse con música instrumental (como Atacama de Santaolalla) muy dramática. Después de unos dos minutos vuelve el silencio. La luz amarilla sobre los ancianos en segundo plano y otra luz ahora amarilla también sobre el cuerpo ensangrentado de Sole que yace en primer plano a un costado del escenario.

ANCIANO 1: ¿Quién de ustedes dos mató a Sole?

ANCIANO 2: Ya abrieron las compuertas de la presa. ¡Ya estan por inundar todo!

ANCIANO 3: Como trompetas de lo alto.

ANCIANO 2: Se viene el agua…

ANCIANO 1: ¿Quién la mató?

ANCIANO 3: Esa Rufina le tenía mucha envidia, aunque muy bella como Sole, no tenía carisma porque no escondía sus amores.

ANCIANO 2: Bueno hubiera sido que se fuera con el de la camioneta. Esa historia a todos nos gustaba.

ANCIANO 1: A Maximiliano lo llevó a la muerte.

ANCIANO 2: Y a Pedro, su hermano, a pedir limosna en las puertas de la iglesia.

ANCIANO 3: Siempre traía el aguardiente en una bolsa de su silla.

ANCIANO 2: Escondía el aroma mascando cáscaras de lima.

ANCIANO 3: Cuando hubieron…

ANCIANO 1: Se viene el agua… ¿Qué pasó con Rufina?

ANCIANO 2: Nunca se fue. El paseante de la camioneta me lo encontré una noche en la casa de doña Bere. Me dijo que al amanecer se iba y que Rufina lo había tratado muy bien. Le prometió muchas cosas, entre ellas, que volvería por ella. Fue cuando echó una tremenda carcajada…

ANCIANO 3: Yo miré cuando el fulano se marchó temprano por la mañana. Iba solo.

ANCIANO 1: (A Anciano 2.) ¿Qué le hiciste?

ANCIANO 2: Le di unos balazos y la enterré… no recuerdo ya en dónde.

ANCIANO 3: ¿Te lo pidió Sole?

ANCIANO 2: La estaba molestando mucho. Hablaba mal de ella en el pueblo y a sus espaldas.

ANCIANO 3: Te usó… yo me iba a ir con ella.

ANCIANO 2: Hice confesar a Rufina antes de matarla… Sole estaba contigo y conmigo al mismo tiempo. Me seguiste la corriente de mis embustes, de que yo vi irse a Rufina con aquél tipo. Pensaste que te la estaba poniendo fácil para tus aspiraciones con ella… y ni siquiera tenías ni idea de nada, pensaste que había algo pasional entre Rufina y yo. Eres un pobre viejo iluso.

ANCIANO 3: Pues es más triste quedar como tonto ante una puta, pues sabías la verdad y yo no.

ANCIANO 1: ¡Malditos sean como esta tierra! Sole andaba perdida, ustedes son los que se aprovecharon de ella, de su vulnerabilidad y ¿de qué sirvió? Aquí estamos los tres pinches viejos viendo fantasmas en el llano en espera de la aniquilación. ¿Quién de ustedes la mató?

ANCIANO 2: Yo no la maté, a estas alturas no mentiría.

ANCIANO 3: Mi vida se fue con la de ella… fue Maximiliano.

ANCIANO 2: Ya por el tiempo casi no había buena madera, se paseó entre los árboles y cuando estaba en labores de tala, descubrió el cuerpo de Rufina.

ANCIANO 3: Las mentiras que ambos decíamos de que se había ido con el fulano de la camioneta y las habladurías que Rufina decía de Sole…

ANCIANO 2: No le fue difícil atar ideas y nos pagó con la misma moneda…

ANCIANO 1: Esa vez, en la recaudería… parecía tener el corazón roto, como un desamor, pero estaba equivocado, tenía quebrantado el espíritu, toda ella, su simpatía no era más que para atraer a alguien con quien pudiera dejar su pasado.

ANCIANO 2: No tuve fuerzas para matar a Maximiliano…

ANCIANO 3: Ya estaba tirado a la guerra…

ANCIANO 1: Abandonó a su hermano a la providencia…

ANCIANO 3: Lo dejó a su suerte.

ANCIANO 2: Doña Bere veía por él…

ANCIANO 1: No se fue a matar de sífilis…

ANCIANO 3: No, ella le daba de comer…

ANCIANO 2: También para sus aguardientes…

ANCIANO 3: Pa que olvidara…

ANCIANO 2: El pobre diablo ya no podía estar con otra mujer.

ANCIANO 3: Estaba como impedido.

ANCIANO 1: ¿De dónde vino Sole?

Suena otra vez el estruendo. La iluminación parece afectarse, se entre corta la luz, se mueve desenfocando a los tres ancianos. Sole se levanta de su lecho mientras dura el alboroto. Sale cansada y con la cabeza agachada del escenario. Pasan los estruendos y la iluminación se normaliza.

ANCIANO 3: (Toma el rifle y apunta hacia algún punto asustado por el estruendo.) Los viejos de aquél entonces la dejaron pasar. !Sabían de donde venía y se inclinaron, bajaron sombrero al pecho!

ANCIANO 1: Uno de los viejos vio desplomare a Luvina entera apenas Sole puso pie en este pueblo.

ANCIANO 2: De niña, decía la dueña del burdel, vio a la ruina sobre ruina caer en Luvina y escuchó el estruendo desde aquí como un eco de trompeta, decía.

ANCIANO 1: Mi papá decía de Luvina: «siempre fue y estuvo».

ANCIANO 3: (Se mantiene en guardia apuntando en varias direcciones, aterrado un poco mas que los demás.) También fue dicho de mis abuelos y de los de ellos.

Pausa.

ANCIANO 1: Ese rifle dejo de servir hace años, ¿Qué le haces?

ANCIANO 2: Todo cambió en el pueblo.

ANCIANO 3: (Deja el rifle sobre el suelo, desencantado.) Dejó de llover, la tierra se fue secando.

ANCIANO 2: Llegaron los canadienses…

ANCIANO 3: El ganado comenzó a morir…

ANCIANO 1: Como una fuerza de la naturaleza… como las aguas de la presa que ya están por inundar este pueblo.

Anciano 1 se levanta de su asiento y camina cansado hacia el primer plano del escenario, no lleva el rifle. La luz amarilla lo sigue. El segundo plano sigue iluminado. Los dos ancianos le prestan atención aunque éste se dirija hacia al frente. 

ANCIANO 1: De entre los caminos inhóspitos que solían rodear este pueblo, viniste entre sus senderos para establecerte en perpetua memoria de los que te sobrevivimos. Como una marea o un desierto ardiente que no se puede controlar, tampoco sujetar ni con mente ni espíritu. De tal manera que este pueblo era un valle florido, luminiscente y lejos de la oscuridad. Tu fuerza movió pasiones con gran poder y sin misericordia en tu búsqueda que siempre será un misterio para los tres que estamos, para los tres que seguimos presentes esperando otra fuerza que habrá de aniquilarnos. Como un ángel que esconde la trompeta detrás de su espalda en algún punto cardinal del mundo. Bella, sin pasado ni futuro, sólo en la memoria que está por extinguirse en la próxima cita con el estruendo final.

OSCURO TELÓN FINAL

Fotografía por Denis Ryabov