Hoy no se toma caldo

Me siento un momento en la grada de concreto
Veo que todo es un desorden, la cocina está sucia, los gatos ya no tienen que comer, los platos de la noche anterior siguen en la mesa . Las moscas, las putas moscas, siguen revoloteando y acumulándose como si la casa estuviese muerta, en proceso se descomposición.

Mi gata se acerca, sabe que algo está mal, que no es normal que el piso se llene de gotas de agua salada, la pobre no entiende nada , decide pasar una y otra vez entre mis piernas y finalmente se acuesta encima de mis lágrimas.

No tengo ánimos de acariciarla pero me reconforta saber que esta junto a mí, me hace sentir menos sola.

Pienso que tengo hambre y que lo único que queda en el refri es un caldo que mi madre preparo antes de irse. Lo pongo a hervir y me preocupa que se acabe el gas, me quedo vigilando si la llama se apaga y me pierdo en el fuego.

Me preguntó si las cosas entre nosotros están por apagarse, así como a esa llama. Quiero pensar que no, creeme que no quiero que se acabe pero es inevitable.

El caldo empieza a hacer ruido, ya está hirviendo y la llama no sé ha apagado. Eso me da un poco de esperanza. Saber que las cosas no son tan efímeras , que vos y yo no somos un idilio más.
Pero sé que nada depende enteramente de mi, que por mi el caldo se puede hervir diez veces y yo estaría feliz de ver esa llama eterna, pero si vos querés apagarlo no se puede hacer nada.
Si vos querés, hoy no se toma caldo.
Y me jode un poco pero eso está bien.

Fotografía por Stanley Bloom

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