H o l o c a u s t o

Soy mi propio grupo de porristas en la cancha gritándome que no me rinda.
La chica que me abraza y con besos calientes me mima.
Soy un vagabundo buscando comida entre la basura de éste corazón en la ciudad que me traga y me escupe y me arrastra por todas sus avenidas.
Me caga sentir que esta ciudad me coge tan rico que no quiero dejarla nunca.
Quiero que me abrace y me lleve entre sus calles a conocer la vida nocturna.
Quiero que me lleve a besar putas sin pedirte disculpas.
Ya no quiero que te bajes los chones al primer beso.
Déjame que lo haga cuando esté ebrio.
No necesito más tu cuerpo desnudo.
Ahora quiero que me pagues cada que te diga «te quiero».
Lo siento ya sé que no tengo remedio, pero siendo sinceros te verías más guapa lejos de mí, riendo sentada en las piernas de otro pendejo.
Yo ya no quiero ser tu pendejo.
Ese que calma tu ansiedad con besos y desaparece tus problemas con abrazos.
Ese que te protege de los fantasmas en mi corazón que quieren asesinarte.
Parece que voy a necesitarte todos los viernes diciéndome que me quieres, al oído.
Y también los sábados para besarte hasta que el tiempo nos mate.
No importa que después te vayas y ya no me hables porque sientes que ya no me necesitas.
Te vuelves un holocausto en mis pensamientos.
Una bomba de tiempo que quiero hacer estallar.
Lo que quiero hacer, besar, comer y chupar toda la semana.
Tenías razón, somos libres y aun así podemos seguir sacándonos los ojos como si fuéramos novios, creando holocaustos.

Fotografía por: Li Guanqun