Fragmento rubescente

Detrás de aquel líquido marrón la tarde se tornó en suspenso.
La única evidencia que hubo un tiempo diurno se convertía solo en una delgada línea
rojiza que dividía la franja del cielo a punto de volcarse en la noche.
Como si una metáfora de la conclusión se transportara a la realidad.

Humeaba una taza dejándose evaporar por el oxígeno corriente en el aire.
Todo indicaba que aquel crepúsculo traería la tranquilidad de un fin poniendo un signo de puntuación a tantas circunstancias.

Las exhalaciones se volvían más lentas dejando que la combustión de la respiración
terminara por no dejar nada a su paso.
Aquel amor fue un incendio paulatino que consumió toda fibra emocional.
O eso se pensaba.

Sin aviso y tras un sorbo de esa bebida siguió una abrupta tos,
tornándose en un espasmo involuntario del diafragma.
Era como si algo quisiera salir del cuerpo con premura.

Con las manos en el estómago, encorvada se encontraba aquella mujer cuyo corazón sirvió de combustible para una antípoda al sentimiento de evitar su humanidad.
Trató de detener los impulsos vomitivos pensando que su salud también se vería mermada, sin éxito.
Aquel material extraño saldría sin importar si desgarraba el cuerpo desde adentro.

Pasó aquel objeto extraño por la garganta llegando a la boca y mostrando su contenido en el suelo.
Era un mar de cenizas oscuras que salían desde el fondo de sus entrañas.
Entre ellas, se escondía una pequeña incandescencia.
Un brillo rojo que podría opacar a un rubí.

Hincada, tomo aquel cúmulo de amores tardíos y de sueños truncados.
De noches de desvelo y pasiones perdidas.

Aquel objeto se empeñaba en destacar, aunque pequeño, entre tantos desechos.
La mujer palpó aquello que resaltaba.
Era un fragmento de tejido aun sangrante y vivo.

Lo tomó entre sus manos y sintió lo que emanaba de él.
El pedazo de carne aún palpitaba.
Era cálido y se aferraba a no morir.
Después de tan furioso fuego, algo tan puro había sobrevivido.

La mujer respiro hondo.
Tomó aquel trozo y sin dudarlo lo devoró.
Y es que, al final entendió que algo tan acrisolado se oxidaría al ser expuesto a la incapacidad del aprecio humano.
Y decidió proteger lo único que quedó de su ser que no se diluiría como azúcar en su café.

Fotografía por Marc Gassó

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Alexia Ivanov

-Soy romántica en el sentido de que presento al hombre como debería ser. Soy realista en el sentido de que lo sitúo aquí y ahora, en este mundo.- #Rand