Fragmento de un monólogo «amoroso»

…es que yo no quiero amarte, bueno sí, pero no como tú crees. Quiero amarte pero no ser tu esclavo, pero te amo tanto que creo que voy a terminar siéndolo, y no quiero. Quiero amarte lo suficiente para poder cogerte, pero no tanto como para tener que conocer a tus padres. Perdón, no quise decir eso, bueno, tal vez sí. Quiero decir, ¿por qué tendría que mentirte? Soy honesto porque, porque, ¡te amo! Sí, porque te amo soy transparente. Tan transparente como para decirte que quiero amarte en la medida justa, ni más ni menos. Pero yo no sé qué es lo que tú quieres, o sí sé, pero quisiera que fuera diferente. Cariño, ¿no crees que pides demasiado? Somos entes libres. No quiero atarte a mí, sólo quiero estar contigo porque la soledad es cabrona. Llevo un año intentando combartirla y no se va. Por eso he venido a buscarte, bueno, por eso y porque te amo. ¿Por qué lloras? Lo del amor no es mentira, créeme. Si te he buscado a ti y no a otra ha sido porque creí que me entenderías. Alma gemela, así te llamé alguna vez en presencia de mis amigos, ¿no me crees? Háblale a Fátima y dile que le pregunte a Rubén qué le dije de ti cuando estábamos en el teibol la semana pasada. Sí, en el teibol, así de cabrona está mi soledad. Tú y la Fati saben que el Rubén es un pirujo, pero yo sólo estaba ahí porque me sentía muy solo. Por eso es que te necesito, sí: te necesito. Si me dices que sí, de una buena vez dejo esa mala vida atrás. Adiós al alcohol y a las putas, sólo habrá tiempo para ti, para nosotros. No me malentiendas, no quiero entregarme del todo, pero me urge estar contigo. No, no quiero amarte, bueno…

Fotografía: mosthvost

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David Rubio Esquivel

1990. Psicólogo social en formación y bibliómano de corazón. Escribo, sobretodo, para combatir el desencanto que me produce la realidad.