Esta guerra es mía (XYZ)

Estoy cansado de discutir mi futuro. Esto es un grito silencioso, que a nadie le importa, porque es real, o al menos lo es para mí.

Esta es una sociedad donde ser joven significa ser fracasado, y no lo niego, somos unos perdedores. Hacemos de todo, pero no ganamos nada. Todos somos filósofos expertos en ciencias sociales, y aun así no es suficiente para que te den un trabajo de medio tiempo en una cadena comercial de comida rápida.

Somos la generación de los licenciados sin empleo. Así que, ¿Qué caso tiene estar aquí?

El pensamiento del mañana corre por mis venas, fluye, espeso, volviendo mis movimientos lentos, torpes, un jodido zombie. Tengo miedo de elegir algo y fracasar en ello. No quiero terminar en la calle, pero estoy al tanto de que si no pongo mi vida en orden muy pronto despertaré desempleado, en un departamento de tres por dos, bebiendo hasta tarde, y arrepintiéndome de todas las decisiones que no tome.

Cada mañana el hombre de las noticias me repite todo lo que voy a perder, y aun así no hago nada, solo me quedo en cama todo el día en ropa interior esperando la salida de la luna; soy el autor de mi propio desastre, pero está bien.

Las cosas podrían ser diferentes, pero no lo son. La vida que esta allá afuera, que me está esperando, agoniza cada día, porque cada muerte, cada secuestro, cada asalto, dejan de ser una tragedia y solo se añaden a las estadísticas. Es por ello que prefiero quedarme en casa en vez de salir a fiestas, con amigos, o al cine, me niego a disfrutar aunque sea un poco de todo el tiempo libre del cual dispongo.

Lo veo, hay un montón de gente desempleada, y mi único sueño en este momento es conseguir un trabajo para pagar los libros que compro cada mes.

Es deprimente, vivir toda la decadencia de una generación. Personas que comenzaron a beber a los trece años, y tiempo después es lo único que aun saben hacer, porque es mejor ahogarse en una botella que ahogarse en el mar de desasosiego que es estar vivo.

Conozco a jóvenes, amigos míos, que solo quieren bailar, Porque saben que comprase una vida es un término exquisitamente literal, porque este es un lugar donde los estudios son un privilegio, y no un derecho. Porque saben que un título universitario no te aseguran el éxito.

Esta sociedad me ha moldeado para su propio beneficio. No soy nadie, solo soy un poco de todas las personas que me han tocado. Y eso me pone histérico, porque no quiero ser un peón en el juego de alguien más. Y si lo digo me acusan de rebelde, me hacen sentir como un criminal, me culpan solo por ser joven.

Es aquí donde deseo no salir nunca de casa, porque solo quiero observar el horrible mundo en el que vivo a través de un monitor. Porque es ahí, en internet, donde ningún secreto es metafísico, donde todo es honestidad y autorrespeto. Sí, las computadoras me han vuelto alguien perezoso, pero no podemos buscar culpables. Ahí no importan los estudios, no importan los paros, solo importa esta generación perdida, esta sociedad irónica que formamos a base de mentiras, porque el internet nos muestra un mundo perfecto a partir de un código binario. Sí, nos cambió. El internet nos cambió, porque es ahí donde ingreso la búsqueda “Empleo” y me muestra miles de oportunidades inexistentes.

Si alguna vez te has preguntado por qué un adolescente se puede deprimir esta es una razón. Tal vez es de risa, pero es una conducta autodestructiva.

Es una situación irónica, ya que los jóvenes son el futuro de la sociedad, pero los jóvenes no tienen un futuro real. ¿Quieren construir una sociedad a partir de unos cimientos inexistentes?

Todos formamos una completa inestabilidad que se apoya en los hombros de jóvenes que huelen a sueños destruidos. Si, si te lo preguntas somos aquellos que cuando tenían diez años querían cambiar al mundo, ser astronautas, doctores o policías. Si, somos esos mismos que llegaremos a la madurez con las expectativas tres metros bajo tierra. Esos niños que luchamos por ser alguien porque en realidad “no tenemos voz”. Porque rápidamente perdimos la pureza del alma, y nuestros inmaduros ojos se volvieron cuencas vacías con ojeras.

Cada mañana me levanto con  nauseas, pero sé que no estoy enfermo, que solo me siento fatal porque he comenzado a evadir las personas que amo, que si vomito solo vomitare desesperación y miedo mezclados con jugos gástricos.

Aunque tal vez aun no sea demasiado tarde, porque, si no lo intentamos, ¿quién lo va a hacer?

Aquí estoy. Aquí estamos. Las personas que dejaron la carrera porque no tenían con que pagarla. Esos que salen de la cama cada mañana solo para poder llegar a casa y escribir, o salir con amigos, o beber hasta perder el conocimiento. Los que asaltan a otros para para poder llevarse un pedazo de pan a la boca. Esa es la definición de lo que soy. Esa es la definición de esta generación.

Fotografía: Emilio Ramírez