Ese día (19)

En aquel camino lejano, se dijo una vez: 

_”Cuando se sienta música por dentro, por algo, será el día en que posiblemente permanezca allí”

Ese día llegó, la partitura invisible resonaba en el aire, despacio envolviéndolo de compases indefinidos, las pupilas se dilataron sin verse.

El ojo unido por la combinación de sus rostros se fundió con el cabello oscuro de ambos, amarrados por los sentidos, los átomos se mezclaron en notas musicales como si nada existiera excepto el tiempo de los compases sin medidas, los latidos hacían un metrónomo infraleve y permanente que tornaban en una armonía pacífica por ambiente que pisaban resonaba por el viento. 

Los seres caminaron unidos por la raíz del árbol de una guitarra, sus cuerdas eran conjuntas ahora, el alma resonaba por la caja más allá de sus bocas, aquellos entes serían inmersos en ellos mismos, así desde aquel instante quedando fijo cada siglo, por fin dejaron de tocar separados.

*Infraleve: Se percibe como invisiblemente, apenas notable.

Fotografía: Stefano Majno