Es muy sublime la cabrona

Es muy sublime la cabrona.
Es intocable, pura, inalcanzable y libre.
Es peor que una inútil mariposa.
Es más cruel que el colibrí que posee el instante de paz.
Es linda, ligera y frágil.
Y cree que con su sonrisa puede resolverlo todo.
Lo peor es que sí puede resolverlo todo.
Dos palabras y me deshace.
Un solo acto y me tumba.
Mi aliento amargo y ácido no sirve para alejarla.
Mi olor a sudor y a sangre no la asusta.
Mi estupidez no la distrae.
Ella está concentrada en ser bella.
Mi torpeza no la entorpece.
Mi suciedad no la mancha.
Mis cejas fruncidas no la asustan, nada la embriaga.
Ni estas manos torpes pueden tocarla.
Ni estas palabras vacías le dicen nada.

Fotografía: Quentin.Ø’Malley

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Viajero en búsqueda de la aventura que no existe, acampa en desiertos, bosques y selvas. Recorre por las noches las letras de su antigua máquina de escribir para descubrir las narraciones que le son reveladas en el humo que emana de sus cigarros. Lector ávido de un argentino llamado Julio que le ha otorgado el delirio de soñar sobre papel, seguidor de un gringo de nombre Ernest al cual imita en su sed etílica para mostrar la realidad. Poeta de narraciones cotidianas que hace mágicos los objetos con los que convivimos a diario. Conservador de la antigua tradición de narrar lo que le acontece en su día a día sin más afán que el de seguir contando historias. Todo ello se amalgama para crear en su espíritu a un escritor que quiere hacer verosímil lo absurdo del mundo.