Epitafio

¿Y si yo misma escribo mi epitafio?

Me hundo entre deseos, pasiones y tristezas, me odio en alcohol porque no soporto mi vida en sobriedad. No sé si me estoy perdiendo o encontrando, pero sé que llevo kilómetros cayendo con mis alas heridas y tengo la certeza de que finalmente me estallaré contra el suelo. Lamento decirme que es lo que más deseo.

He dejado pedazos de mi cuerpo regados en todos mis desamores, en todas mis tristezas. He dejado pedazos alma en las manos menos indicadas. Ahora mismo esta oscuridad está consumiendo los pequeños rastros de luz que aún vibran en mí, aquellos que siempre me han salvado de este infierno andante.

La melancolía siempre tocará la ventana de mi cuarto piso en noches de lluvia, es inevitable, es mi mejor amiga. Estoy condenada a las sombras y todo lo que esto conlleva, su sinsabor, su frío y toda esta ausencia.

No sé en qué punto estoy, mi vida es un constante déjà vu. Tengo memorias y sueños a la vez que se reproducen en bucle desde hace años, siento que vivo realidades alternas para luego sentir momentos ya pensados y premeditados en mi día a día. Existo y siento cosas soñadas en otros tiempos. Revivo continuamente recuerdos que pensé estaban olvidados.

Caminar sin un rumbo fijo se ha convertido en mi pasatiempo preferido. Soy moldeable y biodegradable. Soy reemplazable y existencialista. Le temo a mi incapacidad de amar, a mi incapacidad de sentir, le temo a ese escudo que pongo en mí, aquel que me protege de todos los que intentan quererme. Me temo a mí y a mi miedo, a mi pánico de sentir. Soy turista en algunos sueños vagabundos, soy pasajera y siempre circunstancial.

Aunque parezca increíble y lo haga terrible escribir libera, libera mucho.

Fotografía por Patrick Liebach

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Roja
Autor

Déjà vu, diseño, fotografías análogas y caminatas sin rumbo.