Encontré el amor y me siento miserable

Encontré el amor en el último lugar donde lo estaba buscando. Más bien, el amor me encontró a mí. Y no estoy feliz. Porque ha llegado a irrumpir mis planes, a golpearme el rostro con todo lo que tiene sin importarle el resto de las cosas que componen mi vida; porque ha venido a tomar el control de ella y es el menos indicado para hacerlo.

Porque, de ahora en adelante, sé que le pertenezco, y no hay nada que pueda hacer para detenerlo.

Porque sé que no durará.

Porque, ¿cómo puedo permitirme amar? Si el amor es un lujo que aún no puedo costear.

Porque no importa cuántas veces,

ni qué tan grande,

ni cómo, ni quién,

Porque sé que mi nombre está a salvo en su boca,

Porque él no ha venido en paz.

Es que me siento solita y soy muy insegura.

¿De verdad me quieres?

Él no siente que es tan maravilloso como en realidad es.

Él enciende un cigarro.

Le brilla la piel.

No quiero que se muera.

Otra vez está moviendo el televisor de lugar.

¿Qué estás haciendo?

Él no se parece a mí.

Y tengo miedo de dejar de gustarle.

Se pasa una mano por el pelo.

El roce de sus manos contra su propia piel me encanta. Me ruborizo, pero no lo nota. Quisiera saber en qué está pensando. Quisiera saber qué hacer para que no me deje de querer, para que me quiera como yo lo quiero, para que sepa cuánto es eso…

No sé a qué se dedica. Sé que trabaja con números, pero no sé aún qué es lo que hace cuando se va al trabajo. Esta persona me está haciendo sentir cosas que me aterraba sentir. Esto no está bien. Este no era mi plan. Ahora él me importa. Y quisiera volver a ese tiempo en que no le quería.

No lo sé.

No entiendo qué es lo que pasa,

Y me cagan

los asuntos

del corazón.

No sé cuánto me quiere. Pero sé que le importo, por la manera en que se lleva las manos a la cara en frustración cuando algo malo me pasa. Y lo odio. Porque no es justo. No es justo que me quiera. No quiero que sienta lo que yo he de sentir cuando me vaya. Los dos sabemos que va a terminar, (por Dios, ¡que no se termine nunca!); voy a empezar a llorar de una vez para apaciguar el dolor que me espera.

No estoy segura de qué hacer. Él me hace sentir estas ganas de amarle de maneras en que todavía no le amo. Quiero tocarlo. Todo el tiempo quiero tocarlo. Quiero mirar su piel al contraste del sol saliente que le pega por las mañanas a través de su ventana sin cortinas. Quiero cocinarle. Quiero cantarle canciones de amor en mi lengua. Quiero tenerlo feliz, pues, por primera vez no por tener la satisfacción de saberme responsable de la felicidad de otro: simplemente quiero que sea feliz.

Y sobre todo, quiero que no lo sepa. No quiero que sepa nunca la inmensidad con la que le quiero, pero no es mi culpa. ¡Es suya! Yo no puedo controlarlo, yo no decidí que me gustaría tanto, fue tan solo su humanidad la que me cautivó y ahora no puedo salir de ella. Quiero hacerle todas estas cositas y que no sepa que no soy yo. Quiero seguir queriendo hacerle esas cositas.

Quiero que sea feliz aunque sea sin mí. Quiero que deje de perder su tiempo conmigo. Quiero que me deje cruelmente, que me abandone aunque me lastime y que se encuentre a alguien mejor que yo, alguien con quien pueda construir una vida en común, alguien que le cuide como yo lo haría, si pudiese, por el resto de su tiempo sobre la tierra y quiero que sea feliz,

aunque este amor,

esta clase de amor,

me haga miserable y me destruya con cada segundo.

Fotografía: Dennis Schnieber

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nude morra

Nude morra es escritora y persona con hipersexualidad clínica. Tiene más dinosaurios y libros que amigos, habla siete idiomas y los siete los habla mal. Su banda favorita es Oasis y las películas de Tom Cruise son su debilidad. Si la ves por la calle, cómprale un helado de vainilla. Sígueme en Twitter: @nudemorra