Ella se mueve

Ella se mueve sin que sepa que la veo,
como se debería mover
sabiendo que la estoy viendo.
Ella se mueve,
ella se mueve,
se mueve,
ella se mueve.
Ella se mueve sin que la vea.
Ella se mueve de la forma en la que me gustaría que se
moviera
si supiera que la estoy viendo.
Ella se mueve, ella se mueve.
Ella se mueve, se mueve.
Ella se mueve como si nadie la estuviera viendo.
Ella se mueve como si yo fuera una de estas sillas de
madera oscura,
como si sobrara en este cuarto,
ella se mueve alrededor de mí como esquivándome,
como ahorrando el espacio que no le presto,
ella se mueve,
se sigue moviendo.
Ella no está bailando,
está trenzando con sus caderas en el aire
mis miradas.
Ella no está bailando,
se está deshaciendo en movimientos
y en movimientos se va volviendo a tejer.

Ella no está bailando, está dibujando con su altura.
Ella se mueve,
se sigue moviendo,
ella se está moviendo.
Ella sonríe.
No,
ella no sonríe,
ella se pone la sonrisa
que flotaba en el aire cuando giró por ahí.
Ella gira, gira.
Ella se mueve.
Su cabello trata de alcanzarla,
pero ella se mueve.
Sus ojos tratan de sacarla de este cuarto,
pero ella se mueve.
Su cabello va más lento y sus ojos van más rápido que ella.
Ella se mueve.
No dejará que nada la alcance,
ni el tiempo,
ni mi mirada,
ni su cabello.
Sus manos acarician el aire.
El mismo aire que respiro.
Ella se muere.
Se muere.
Ella se va muriendo poco a poco.
Deja de bailar,
deja de acariciar el aire con sus manos,
de ponerse la sonrisa,
de dibujar con su estatura.
de huir de su cabello.
Se muere.
Ella se muere.
Y sigo siendo el mueble en este cuarto vacío.
Esta silla de madera oscura.
Este aire.
Ella se muere.
Y no puedo hacer nada por detener su caída.
Ella cae.
Ella me convirtió en mueble,
Y ahora, ella tampoco se mueve.

Fotografía: Quentin.Ø’Malley

Guardado en Literatura
Avatar

Viajero en búsqueda de la aventura que no existe, acampa en desiertos, bosques y selvas. Recorre por las noches las letras de su antigua máquina de escribir para descubrir las narraciones que le son reveladas en el humo que emana de sus cigarros. Lector ávido de un argentino llamado Julio que le ha otorgado el delirio de soñar sobre papel, seguidor de un gringo de nombre Ernest al cual imita en su sed etílica para mostrar la realidad. Poeta de narraciones cotidianas que hace mágicos los objetos con los que convivimos a diario. Conservador de la antigua tradición de narrar lo que le acontece en su día a día sin más afán que el de seguir contando historias. Todo ello se amalgama para crear en su espíritu a un escritor que quiere hacer verosímil lo absurdo del mundo.