El poema más triste del siglo XXI

Si me miras en el parque destruido, jodido, sin vida, un cadaver que se mueve por inercia, ¿sabes? Dejame, dejame en esa banca oliendo a licor barato, el sol esta tranquilo hoy, veo las nubes, son mi terapia por los domingos, estoy bien cariño, asi medito yo.

De aquellos dias soleados por la ciudad de las montañas pocas cosas quedan, las estaciones parecen grises, la ciudad parece callada, ¿donde esta la vida? Se fue en el ultimo vagón que perdi.

Entre frío y calor me disputo la vida sobreviviendo a tu inexistencia fisica, tal vez de alma tambien, corriendo por Avenida Universidad porque aquel 209 me ha dejado mas varado que la nada. Me tranquilizo un poco, mientras veo el metro pasar sobre mi, es hermoso pienso yo, prendo un cigarro con cerillos que robe de la cocina, me aparto un poco de los niños, y espero a que pase otra ruta.

En el campus las montañas reclaman su territorio, a lo lejos pareciera que quisieran deshacerse de nuestro concreto. Mederos, conocido por sus osos que bajan en búsqueda de alimento, comida inmunda y procesada. ¿que valor tenemos nosotros frente a ellos?

A la salida me gusta bajar caminando, llegar a Wal Mart y finalmente fumarme otro cigarrillo, repito esto todos los dias hasta llegar al fin de semana, no siempre deseo salir, a veces simplemente quieres contemplar lo que pasa dentro de tu mente mirando el abanico del techo. Nunca he optado por ir al psicólogo, nunca he considerado anormal la indiferencia por la vida, creo que es un lapso, y que la gente es demasiado conformista que se alegra por todo facilmente, tal vez asi podria tener felicidad, o paz, pero de momento mis demonios hablan mientras me encuentro con la bebida, tu recuerdo, o las nubes un domingo junto al parque.

Fotografía: Stefano Majno