El placer de hacer exacto lo incorrecto

Hablábamos poco pero me caías muy bien. Me dejabas cortar tu cabello y dormir en tus piernas en el metro. Es 2012 y decir que somos amigos sería exagerar al hablar del tipo de relación que tenemos. Sólo somos cordiales por el factor común que nos une, pero no negaré lo bien que me caes. Y me enojas. Me molesta llevarme tan bien contigo tomando en cuenta aquello que nos junta. Llega 2013 y decides que hablarme para pedir mi ayuda es una gran idea. Ahora sí, somos amigos. Hablamos de madrugada  me invitas a fiestas. Nunca voy. «Eres una niña», esa frase que nunca te has cansado de repetirme. Llegan mis extraordinarios y con ellos el estrés, me ves llorar por primera vez a través de la pantalla de una computadora y no sabes qué hacer. Yo te he visto llorar antes y, para ser honesta, tampoco he sabido reaccionar. Hablamos de matemáticas, física y literatura. ¿Alguna vez te he dicho lo mucho que me gusta cuando me explicas cosas? y es que eres tan inteligente y sabes tanto y de tanto. Me prestas un libro que debo leer, dices que lo llevarás a la casa de mi abuela y me presentarás a un amigo. Estoy nerviosa. ¿Por qué? ¿No se supone que somos amigos? Aún así me apuro, arreglo mi cabello que entonces llevaba muy largo; ya estoy hablando en pasado. Voy bajando las escaleras y en mi mente voy contando «uno, dos, tres, tranquila Livier, cuatro, cinco, se…» abre la puerta. Me saludas de beso y lo confirmo … me gustas. Pero no puedo y no debo. ¿No? Me das el libro y me presentas a tu amigo; me comparten historias y río. Ves a mi hermana desde la ventana. Tiene apenas seis meses y a tu amigo y a ti les causa ternura. Tu amigo me cae muy bien, tiene tatuado el nombre de su ex novia. Pero tú tienes tatuado un dibujo que hizo la tuya, ¿que nos hace tanta gracia? Te veo, mueves tu cabello, me sonríes. Me gustas. No me gustas. Quiero decir, no me puedes gustar. Tengo novia. Es tu ex novia. Dices que ya se van y entonces salgo de mi trance. Van a una reunión, me preguntas si voy con ustedes. La respuesta es no, como siempre. Te ríes. Me despido de tu amigo. Me acerco a ti y va un beso en la mejilla. Me abrazas y me sorprendes. Te rodeo con los brazos y sonrío. «Hay que vernos más, no es lo mismo hablar sólo por celular» Me sigues abrazando.

Beso en la frente.

Ahora no me sueltes.

Nunca

Por favor.

Fotografía: PJ Wang