El comienzo ha anunciado el final

Aquí acaba.

Esta vez no escribo con recelo, ni la ansiedad manipula mis sentidos.

 

Esta vez pude admirarte como aquel que refleja al sol pero no iguala su brillo.

Pude analizarte. Ví y sentí tú viva imagen desdeñosa e impalpable, que no sugiere opciones o soluciones.

 

(….)

 

Tú te has convertido en el reflejo sórdido del mármol blanco a un costado de la noche.

Tú, ceniza impalpable que recorre todos los centímetros de mi piel, que me abrasa hasta ser ceniza también.

 

Fuego inalcanzable, ¡Ruge tú sentencia!

Penetra en la mente de mi ceguera perpetua, donde tu amor no toca ni oye.

 

Funde mi vida en la silueta de tu sombra imperiosa y airada.

Fija que los amantes no observen cuando soy tuya, cuando te pertenezco hasta en el más ligero suspiro.

 

Si la mirada castaña pone su atención en mi, tú evades con recelo y angustia, pues aquí no hay dos, ni tres. Sí sus ojos se impacientan sobre los tuyos, el nexo es imposible de evadir. De soslayo veo tu rostro, —su rostro. Sus rostros fijos el uno sobre el otro.

De reojo… escucho… murmullos de silencio acompañado de vergüenza.

 

De parpadeo… en parpadeo… me pierdo de tu vista, huyendo sin hacer un pequeño ruido.

De cuclillas… me voy… del rumbo sin dejar sendero de desolación.

Fotografía: Malene Økland