El chico detrás de la barra

Tenía los ojos más tristes que había visto y aún así me gustaban mucho. Nada era más mágico e imperfecto que él. Terriblemente adorable en dosis secretas. Pero estaba cada vez más lejos de ser así.

Siempre he pensado que el amor es algo natural. Es difícil comenzar de cero, nunca sabes las respuestas.
El cariño nace y crece poco a poco. Entonces llega el amor, y el sentimiento se convierte en un torbellino del que muy difícilmente puedes escapar.

Había muchas cosas que no sabía de él. No sabía de memoria en donde estaba cada uno de sus lunares ni por qué mordía constantemente su labio. No sabía cuál era su pasión o de que le gustaba hablar. No sabía lo que lo hacía reír, lo que le gustaba hacer. No sabía cuál era su helado favorito o si le gustaba que lo abrazara fuertemente. En realidad no sabía nada sobre él, pero descubrirlo me parecía excitante.

No podía exigirle perfección, no tenía derecho a exigirle nada. Yo sencillamente lo quería, incluso si él no me quería a mí.

Fotografía: Tomé Duarte