Efímero, apasionado

¿Por qué usamos zapatos?

¿Por qué existen las ventanas?

Mi amante, que tiene nombre de agua, a veces se dedica

a contemplar las lenguas de la gente.

¿Estás siempre en mi sangre, o eres un truco de mi mente?

No quiero tu sangre, quiero que me dejes lamer tus manos.

Te estoy pidiendo que me dejes tocar y palpar tu lengua.

¿Conoces esa flor, que cuando alguien la toca, provoca su muerte?

Conozco doce flores con las cuales se puede preparar veneno.

No tienes ni idea de cuánto quisiera lamer tu rostro.

Alguien susurra: yo nunca he hecho esto.

Mientras yo

le quito los zapatos

pongo el maíz en el altar

y adornos de jade en su rostro.

¿Puedes sentir mi lengua en tu nuca?

¿Puedes ver a mis manos arrancar los pétalos de aquella flor violeta?

La libertad

es la característica principal que los aztecas asociaron a las flores.

Dicen las malas lenguas

que uno puede saber secretos, con el cambio de estaciones.

Un susurro: primavera de las verdades. Secreto del porvenir.

¿Creías que esa flor que te di aquella noche se mantendría tan fuerte como mi lengua?

Se puede encontrar el engaño escondido por la persona amada

si al pronunciar su nombre

las flores de primavera florecen.

¿Cuántas flores marchitas puedes sostener en tus manos, en tu lengua?

¿Crees que puedas arrancarme el nombre usando solamente tus manos?

Ya has probado mi sangre y dices que sabe a miel.

Tú no quieres probar mi lengua.

Me estás pidiendo un salto de fe.

Yo susurro: yo nunca he hecho esto.

Mientras tú corres la cortina

(nadie podrá vernos por esa ventana)

tomas el cuchillo de pedernal

y lo hundes en mi pecho.

Cuando llega a su fin el invierno

es tu lengua

y no el sol, la que obliga a abrirse al capullo.

Los niños corren descalzos por las calles de tierra.

A un lado del lecho hay una ventana abierta

porque disfruto contemplar las flores de la jacaranda.

Fotografía por Stanley Bloom