Disruptiva

Nacida en cautiverio corporal
siempre viví a la intemperie mental.
Me tocó luchar por sobrevivir al pensamiento de Darwin,
la supervivencia de las más apta.
Las calles son duras y vivir en ella más,
ahí no existe lugar para soñar; sólo desolación.
Canto y lloro, me abrazo a alguien cuyo rostro no me resulta familiar.
Eso hace más llevadero esto.
La tortura llamada nuevo día me produce mucha congoja y sed.
Me ha tocado comer mucha mierda para seguir con vida.
Desde el principio de la creación de mi ser, ellos han sido inhumanos conmigo.
Yo no elegí vivir así, pero las exigencias de mi mente me llevaron a recibir burlas.
Ahora, confesarme en voz alta es aceptar la realidad de mi desconsuelo.

Fotografía por Patrick Liebach

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