Desenredado

Coges el cepillo, lo introduces en la cabellera y lo deslizas de raíz hasta las puntas, pasando por nudos, mierda, más nudos, dolores, jalones, olores, amores y nudos. Con dos o tres pasadas ya está. Brilla, está libre.

El pelo es pelo con o sin nudos. (Vaya descubrimiento)

A veces no tomamos el cepillo, porque nos gusta cómo nos vemos, porque creemos que se ve salvaje, pero una mujer (u hombre, dependiendo quién me esté leyendo) salvaje ES. No se hace, ES.
De vez en cuando debemos desenredarnos la cabellera para ver qué maravillas y monstruosidades habitan en ella. (Aunque nunca sé que me da más miedo.).

El cabello no tiene miedo. He platicado con el por las noches o cuando reposa sobre el pasto húmedo, con el roció de la madrugada y me cuenta que no hay nada en el mundo que le guste más que se tocado, cortado, olido, jalado, vivido.

Cuando la inseguridad toma el papel inicial de mi vida es cuando más tapo mis orejas con mi abundante cabellera, porque aísla, protege, calienta mis alborotados y dolidos pensamientos.

Separar un mechón de otro, elegir cual será el afortunado de acariciar mis pómulos mientras me dice: todo va a estar bien, no estás sola. Mientras los demás observan y ansían que termine el turno de ese mechón para que coja otro y repita la misma secuencia: calma, respira y siente.

Cuando me enamoro, mi cabello me dice: Oye, ¿y si dejamos que aquel/aquella nos toque?
Contesto a gritos: -¡No! ¡No mamen!
-¿Por qué no? No mames tú, maldita miedosa. Jódete, vamos por el/ella

Y cómo por arte de magia, tiran de mi cabeza y se acercan a mi enamorade y:
calma, respira y siente.

 

Pero cuando pierdo, cuando lo pierdo todo, porque lo he perdido: cuando el miedo es vida y la vida deja de tener nombre y apellido, quien paga es ese castaño oscuro que ante los ojos de los demás es negro, paga cada milímetro de pavor, de impotencia.
No importa la situación ellos nunca se van, me recuerdan que no existe la soledad.
La construyo, cómo muchas cosas construimos por miedo a SER.

El cabello ES. Cuando SOY.
¿Cuándo?

Fotografía: Catherine Lemblé