Crónica de un destierro

El desierto está
impregnado de fantasmas;
sus cuerpos traslucidos
hieden a exilio.

Brota de la arena
caliente la flora, la fauna,
escupiendo palabras
inconexas.

Y al caer la noche
las apariciones se llenan
la boca de esos despojos
gramaticales.

Es tanta su urgencia
de ser escuchados que
no reparan al llenarse
la boca de mierda.

Fotografía: Liszt Chang

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David Rubio Esquivel

1990. Psicólogo social en formación y bibliómano de corazón. Escribo, sobretodo, para combatir el desencanto que me produce la realidad.